“No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial para que leamos. A la información tenemos acceso ilimitado, pero ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado, tal vez se tope con un maestro que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.
… Sin embargo, el motivo más profundo y auténtico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil… Hay una versión de lo sublime para cada lector, la cual es, en mi opinión, la única transcendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos ‘enamoramiento’… Sólo se puede leer para iluminarse uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más“
Tomado de “Cómo leer y porqué” de Harold Bloom
“La esperanza muy rara vez muere de repente; se va desangrando poco a poco, va perdiendo fuerza hasta que llega un momento en que nos preguntamos si seguimos esperando o hemos perdido la esperanza. Se ve que la esperanza no muere, sino que se pierde.”
“Una historia económica, social y humana, con las palabras de su tiempo. Tiempo integrado en las esperanzas y los sueños de una generación que se planteaba, con los supuestos de interpretación de su época, intereses y afanes, el nacimiento de una nueva época. La sangre, de nuevo, derramada, se cruzaría con los hombres y con sus esperanzas. ¿Cabe aprender?”
… sobre los inicios de la revolución mexicana en 1910.
¿Aprendimos?
Nuestras palabras se perderán en el tiempo
¿Para qué vivimos?
La eternidad está aquí
asfixiada por nosotros…
Nadie nos recordará, no viviremos más.
Pero cuando nuestras palabras se pierdan en el tiempo
y todos nuestros hechos hayan sido ficciones
Aún mi espíritu vivirá en ti
Y quizá
allá
me recuerdes mis palabras
“… para SER, el hombre debe asesinar al Tiempo… El hombre actual vive, no para él, sino para su proyección en el futuro. No existe el hombre. Existe SU participación en el Tiempo… Y así nunca trascenderá el Hombre al Hombre, sino al vacío. El Tiempo debe detenerse, el Hombre debe salir del océano asfixiante de relojes suizos en el cual diluye su promesa. Al perder al Tiempo el Hombre encontrará al Hombre”
Tomado de La visión del Hombre en la obra de Carlos Fuentes, por Eugenio Núñez

