19 Marzo, 2008...5:33 am
Museo nómada, mentira disfrazada de arte
Artículo de José Luis Barrios
“…si no nos podemos conciliar con nosotros mismos como sociedad, a lo mejor vale la pena intentar conciliarnos con un elefante, un chimpancé o una ballena”
“El bambú, la iluminación intimista y los ojos de agua que enmarcan los pasillos del recorrido, producen una suerte de Tiki room Zen a la Busch Gardens que no tiene nada que ver con el impulso, si bien caótico, por ello también vital y conflictivo del Zócalo. La pregunta es clara: ¿puede pensarse un espacio de remanso cósmico en el centro de una de las ciudades más grandes y complejas del mundo? ¿Ironía o cinismo?“
“Más fácil, entre la pista de hielo y el museo nómada, el Zócalo es más una suerte de Parque de diversiones que un lugar de flujo político; pero aún así, si tuviera que elegir entre la pista y el museo, prefiero la pista. Ésta al menos se acerca a ciertas formas de lo festivo y lo carnavalesco que le dan mayor legitimidad vital y social.”
Siempre he desconfiado de la combinación gobierno-artes, y más con grandes campañas publicitarias de por medio.
Recuerdo que se dió la casualidad de encontrarme en el centro histórico del DF el día de la inauguración de la pista de hielo: demasiada gente. Pero quizá eso es entendible. Un poco de diversión, dicen, no le hace daño a nadie.
La siguiente casualidad es que también estaba en el centro el día de la inauguración del “Museo nómada”. Y no es que yo sea asiduo visitante a esa generosa parte de la ciudad (siempre increíble), pero lo cierto es que estaba ahí. Y a mi lado, miles que hacían filas y filas y filas…
¡El zócalo lleno solo para ver arte!… ¿será?
Esto solo lo han logrado Shakira y los shakiros grupos que se presentan de cuando en cuando.
¿Desde cuando los chilangos esperamos por horas para entrar a cualquier museo?… ¡ni siquiera cuando estaba en la secundaria y los maestros te regalaban puntos por ir a uno!
Curiosa cosa: un grandilocuente remanso de paz (artificial como nuestras playas) en medio de uno de los lugares más caóticos del mundo.
El material es de buena calidad. El objetivo y los deseos de Colbert quizá sean nobles… pero de ahí a introducirnos a una lógica new age donde el slogan mercadotecnico es llevarnos a un “equilibrio naturaleza-hombre” donde fluyan la paz y armonía, me suena descabellado entre símbolos totalmente ajenos: la plaza de la computación (o de los fariseos), Garibaldi, los resucitados antros-bares-cafés, la Merced, el suelo político de siempre…
¿Intento de sacar al ser humano de su medio caótico?
Tengo cierta intuición pesimista: nos fugamos a espacios imaginarios de paz para soportar el tráfico, los golpes del metro, la inseguridad, el hartazgo de la pobreza y la riqueza. Encuentra, cada quien a su medida, una justificación existencial para olvidar por un rato el consumismo, ese que cada día termina con nuestros bosques, selvas, playas, desiertos, mantos acuíferos… estando ahí es diferente. El espectador promedio piensa algo así: “La verdad es que como persona no soy tan malo, mírame, ¡estoy aquí admirando y siendo conmovido por esta excelente muestra de arte!”.
Me imagino a la tal persona saliendo del museo y aún con el éxtasis encima tirando su botella de agua, así como de constumbre, en la calle.
Y todo esto me sigue dando desconfianza: el que políticos y fauna artística del país (incluyendo conductores de televisión), acudan a inauguraciones de este tipo para dar su valioso visto bueno, al final no me cuadra.
Los vendedores del metro me recuerdan que debo tener, como ellos, un ojo más generoso: “Llévese el documental cenizas y nieve de Gregory Colbert, uno de los mejores artistas del mundo”, “La exposición que ha recorrido el mundo entero”, “Documental único”… . Lo mejor de todo esto es que viene empaquetado por solo 20 pesitos, “para que no pague usted el precio comercial de 200″.
¿Cómo no aprovechar tan generosa oferta?

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