“La discusión, pues, no es si sobrevive en los países de América Latina la democracia y el funcionamiento de las economías de mercado, sino qué y cómo hacer para invertir los ingredientes y cambiar la receta original del problema: es decir, menos Santo Tomás y más ágoras y plazas públicas para que ciudadanos orgullosos, en lugar de mamarrachos embutidos en togas y fueros que se dicen representantes, discutan y ventilen sus asuntos, individuos que gobiernen a la par de sus gobernantes lo mismo en la rara sincronía que en la sana disensión.”
Bruno H. Piché, El archipiélago latinoamericano