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4 noviembre, 2006 / Felipe Delgado

Otros Méxicos (va por Zirándaro)

El más poderoso de los ecos es el silencio. Un eco que se repite incesante, porque el silencio que todo lo puebla nunca puede ser atrapado. La gran destrucción es el silencio. El gran misterio. Lo que no se sabe si existe o muere, si asiente o disiente, si es luz o tinieblas.

Angelina Muñiz-Huberman, El eco del silencio – 75 años enterrados.

Zirándaro de los Chávez, Guerrero

Existen, sin dudarlo, Méxicos desconocidos para la mayoría de los mexicanos. El municipio de Zirándaro, Guerrero, es uno de ellos.

Zirándaro de los Chávez, está ubicado al noroeste del estado de Guerrero, en los límites con Michoacán. Su nombre de los Chávez se dió, oficialmente, en honor al doctor Ignacio Chávez quien nació en sus tierras. Célebre cardiólogo y, entre otras cosas, rector de la UNAM (1965-1966).

Hace unos días, por cuestiones familiares, tuve la oportunidad de estar ahí.

Méxicos invisibles

Para la mayoría de citadinos, el ambiente rural nos parece algo inentendible, pero solo al principio. No entendemos como el tiempo simplemente no pasa por esas latitudes. Tampoco podemos razonar, de primera impresión, que hay gente viviendo sin los avatares diarios del tráfico, internet, radio, 150 canales de televisión, soportando políticos o simplemente sobreviviendo al smog. Y aunque gente como Roger Bartra (La Jaula de la melancolía) ha explicado muy bien esa cuestión del tiempo urbano-rural, aún no lo terminamos de comprender completamente en vida.

Los Méxicos invisibles son los que se sostienen y viven lejos de la gran mayoría. Son aquellas dinámicas de vida que en ocasiones nos sorprenden, no tan solo por ser distintas, sino porque creímos que lo sabíamos todo.

Zirándaro de los Chávez es el prototipo, como miles más en el país, del municipio que ha sobrevivido alejado de todo y de todos. Es otro México. Ahí, donde miles de sus chavos que probablemente nunca terminen la secundaria (ni pensar en algo más), el poder del narcotráfico enclavado en su sierra es real.

Zirándaro es el lugar donde el discurso político de la capital nunca se escucha. Ahí nunca verá a nadie decepcionado de Fox: el discurso, de entrada, no existió.

Uno es el México que nos toca vivir a los capitalinos. Otro es el México que sobrevive, ya no con un presupuesto federal (raquítico) sino con un “presupuesto” venido del exterior: cada año miles emigran de Tierra caliente (como se le llama a esta región) al “otro lado”.

Sobre la Paz social al final del sexenio

Si los citadinos niegan de entrada mensajes tan risibles como el de “México unido” o un “México en paz”, la mayoría termina por acomodar esa verdad mediática en su mente y, con el paso del tiempo, se vuelve parte de nuestro laberinto de vivir. Pero no la gente de Zirándaro.

Zirándaro es testigo no de un “México unido”, tampoco de un “México en paz”. Zirándaro es testigo de la destrucción progresiva de su ecosistema, de la descomposición social expresada en la fuga de miles de sus jóvenes, del creciente tráfico de armas y droga. Zirándaro es, al fin, el lugar mexicano que expresa la negación del otro: de lo que no se ve, de lo que no se oye. Y si no se ve y oye, no existe.

No hay un México en paz. Mucho menos un México unido.

Lo que hay es una suerte de cadáver gobernante, ciego ante una realidad que lo rebasó hace mucho tiempo.

No mal entendamos las cosas: el vivir en Zirándaro aún es mágico. Aún algo nos habla de esos Méxicos donde la gente se saluda y conoce. Donde las sillas fuera de las casas al caer la tarde son el ritual más importante. Porque, como no, el arte de platicar es realmente una solemnidad.

Pero tampoco nos equivoquemos: el ochenta por ciento de las calles de Zirándaro, cabecera municipal ya no digamos los demás poblados, no están pavimentadas. Eso me hace recordar que el gobierno federal está, literalmente, exigiendo (con millones en la mano) terminar en treinta días una buena parte de la terminal 2 del aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Tal vez al final del mandato alguien quiera “pararse el cuello”.

¿Y Zirándaro?
¿Cuándo?

No hay “paz social” con Oaxacas de por medio. No hay “paz social” cuando el futuro no lo encontramos en casa o cuando la inseguridad es la única seguridad de este país.

No habrá nunca un México unido si antes no vemos aquello que creíamos inexistente. Nuestra deuda con el México invisible crece todos los días.

Zirándaro de los Chávez, de gente bien parecida con la misma fama que la michoacana, seguirá ahí, esperando.

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7 comentarios

Dejar un comentario
  1. David Espino / Jun 4 2007 5:25 am

    He leído tu comentario en el blog, y leí este post nostálgico sobre Zirándaro. Debo decirte que desafortunadamente comparto tus posiciones: lástima que el narco se ha enseñorado en grandes extensiones del país; regiones que antes eran pacíficas hoy los ejecutados y “levantados” son la nota diaria en los diarios estatales y del DF. El narco está imparable y no veo en la estrategia militar de Calderón una salida viable.

  2. David Espino / Jun 4 2007 5:27 am

    P.D. No se puede apagar el fuego con más fuego.

  3. luis Manuel / Sep 15 2008 2:41 pm

    La verdad no he tenido la oportunidad de visitar el municipio de zirandaro pero espero muy pronto visitarlo por qué me encanta visitar conocer las regiones de la tierra caliente

  4. Felipe Alfonso / Sep 24 2008 4:41 am

    Luis, quizá en otro tiempo ni siquiera lo pensaría para recomendarte visitar esa región. Aunque prácticamente no haya nada para el “turista moderno”, conocer Zirándaro es más una experiencia que el ir a sacar fotos.

    Hoy no sé si te pueda recomendar ir para allá. La inseguridad, sobre todo para los que no son de la región o que no tienen familia ahí, ha crecido bastante los últimos años =(

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