2006 o el año de la generación dividida

El año 2006 concluye entre melancolías, desencantos, desilusiones, pesimismo y triunfalismo… el desánimo ante el incumplimiento de la vida democrática, la certeza en el triunfo electoral como asunto del demasiado dinero, la desilusión de los jóvenes, la privatización de la realidad.

Carlos Monsiváis. 2006, el sorteo de la sobrevivencia

La vida está hecha de personas. Crecemos, compartimos y aprendemos con aquellos que tienen más o menos nuestra edad y más o menos nuestros intereses.

Se ha dicho que pertenecer a tal o cual “generación” te marca siempre de alguna manera. Para cada generación podríamos mencionar hechos por los cuales es identificada y que forma, muchas veces sin que lo quieran, parte de su imagen. Así, podemos encontrar la famosa generación del 68, siguieron, algo confundidos, los “siempre en crisis” y por ahí, de paso, podríamos comenzar a dibujar la nuestra también.

Para los que visitamos por primera vez una casilla electoral y emitimos un voto, el 2006 podría, quizá, ser una primera línea que nos describa. Mi “generación”, para encontrar un punto de acuerdo, son todos aquellos chavos-jóvenes que participaron por primera vez en unas elecciones.

Y es que pareciera poca cosa, ¿qué tiene de especial el participar en unas elecciones?, y más, ¿porqué tendría que identificar a mi generación por las elecciones del 2006?.

Quiensabe, pero las cosas no quedaron muy claras para los que participamos por primera vez de la “vida democrática mexicana”.

El 2006 fue el año en que mi generación, literalmente, se partió.

Desde el comienzo del año hasta su termino, vivimos inmersos en el mar puro de la política. Todos en el país tenían algo que opinar. Esto fue particularmente curioso con aquellos que por primera vez iban a emitir su voto. Porque estos no eran aquellos que habían vivido los “70 años” para olvidar, ni tampoco el “Hoy” de hacia apenas seis años. Lo curioso es la forma en que se inició un proceso modelador de mentes para lo importante: las decisiones de los futuros y primerizos votantes.

Inmersos en campañas mediáticas verdaderamente polarizadas (como polarizado ha estado siempre México), con argumentos y contra-argumentos, con mensajes televisivos y radiales donde se invitaba al voto (“Si no votas, cállate”), donde el asunto de hacer parecer obra del “mal” a los adversarios, ya convertidos en enemigos, era lo principal.

Familias que se dividieron cada cual con su color. Chavos que le iban a uno u otro partido no por conocer su ideología o propuestas, sino simplemente porque el candidato era “naco”, porque sus familiares, burócratas, habían sido afectados por el partido en turno en el gobierno o simplemente porque alguna manifestación los dejó en el tráfico durante horas (otros agregados: escuelas privadas en donde se invitaba a conferencistas para que “hablaran mal” de cierto candidato y proferir alabanzas de forma abierta para el contrario).

La decisión de forzar a mi generación a votar, si ya es dudosa desde el principio, no se ve tan mal hasta que no se examina lo que pasó después.

La televisión, una vez más y sobra decirlo, fue el instrumento principal del manejo efectivo de la imagen (“al diablo con sus instituciones” se convertía por razones mediáticas en “al diablo con las instituciones”, como bien lo apunta Monsiváis). Las chachalacas, los dimes y diretes, fueron lo principal.

Mi generación fue dividida por unas elecciones que poco tenían que ver con la realidad. Tengo amigos que hubieran votado “muchas veces” por Calderón. Otros decían que AMLO era el bueno porque siempre cargaba consigo un ejemplar del Nuevo Testamento de la Biblia. Incluso en el “Messenger” de msn, los nicks eran la simple imagen de lo que pasaba (“Sonríe, MALO no ganó”, “¡Yo solo tengo un presidente legítimo!”, “¡No al fraude!”).

Más que entender la vida democrática, más que “disfrutar” lo que era participar por primera vez en algo que parecía importante, y aún más que entender que habíamos crecido y, pensábamos, madurado para expresar nuestra libertad, las elecciones se convirtieron en el justificante de campañas burlonas y estúpidas que sumieron, otra vez, en la “desilusión” (¿hubo ilusión?) a la mayoría de la generación naciente respecto a la política.

Al final, mi generación no aprendió absolutamente nada: se perdió una asombrosa oportunidad para formarla con otro pensamiento. Se les mató antes de nacer. El pensamiento simple, el de la imagen, que no requiere reflexión ni estudio, una vez más, ganó.

Y es que tampoco puedo reclamar mucho: mi generación no aprendió, porque no hubo quien le enseñara.

El 2006 quedará marcado, probablemente ya no lo recordemos dentro de poco, como el año en que a una generación se le dividió y confrontó consigo misma. Cuando los nuevos “ciudadanos” aprendimos que política es solo imagen, asunto del demasiado dinero, chachalacas y de instituciones que pretenden cumplir la ley, una ley que se dice de todos y para todos: lo que cuentan desde hace casi doscientos años.

Pero, no nos ahoguemos en el vaso de agua… todo era así, y lo sabíamos. Menos mal que puedo decir, con toda seguridad, que mi generación cercana, mis amigos, tampoco se espantan. Ellos encontraron la inteligencia no por casualidad.

Tampoco es la gran cosa… aceptémoslo, hay asuntos más importantes.

Mañana juega el América.

Anuncios

2 comentarios en “2006 o el año de la generación dividida

  1. ¡Ahora sí puedo emitir mi opinión sin tanta presión Bro! o_O.

    Tienes razón, hay temas más importantes que la política, sin embargo siempre nos entretuvimos tratando de “comprender” por qué los políticos son como son, por qué por más que nos expresamos no hemos tenido la capacidad de aliarnos y actuar por el bienestar común. ¿Será que hemos caído en las garras de la política?, en ese gracioso arte de hablar por hablar, de defender lo que creo sin casi escuchar, sin tratar de entender al otro, al distinto a mí..

    Es cierto Bro, hay diferencias, divisiones en nuestra generación , como en todas creo.. Pero lo importante es que aunque ni “el futbol nos une” aún habemos quienes a pesar de nuestras diferencias -e incluso quizá por ese motivo- nos unimos y encontramos la gracia de intentar comprender a los “otros”.

  2. jaja, es cierto Dejas, ni el futbol nos une! ¿Qué nos unirá?, ¿Los tacos?… =D
    La gracia de intentar comprender al otro… ¡Cuánto de eso nos hace falta!, pero el intento de hacerlo, creo, es ya personal, como siempre lo ha sido. El problema se presenta cuando “agentes externos” son la causa de esa división, a veces tan rídicula… Como sea, me quedé pensando en que nos unirá, ¿los capuchinos? ¿Los “días especiales”? ¿Los sopes paristas?… ¿AMLO? (jaja)

    Y vaya que si necesitamos “gracia”, y gracia de Dios, para comprender a tus amigos de la facu dejas. =P

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s