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23 enero, 2007 / Felipe Delgado

Centroamérica: México, sin México

A veces recorremos un millón de kilómetros para llegar, nada más, a nuestro interior, aunque no exista un espejo para reflejarlo.

Juan Carlos Quezada, Viaje al fondo de mi selva. En Día Siete

Alguien dijo que las fronteras entre nuestros países no eran más que fabricación histórica de grupos de poder. Así, las diferencias que podían existir entre argentinos y uruguayos, mexicanos y guatemaltecos, no iban más allá de las simples palabras.

Quizá en algo tenga razón el que pensaba esto. Y aunque podemos decir que nuestro pasado, la historia, y más específicamente nuestras fronteras de hoy, son el resultado de muchos procesos combinados (no solo de “grupos de poder”), es también cierto que las diferencias con nuestros vecinos del sur, son muchas veces imaginarias… y de ahí, tal vez, forzadas a ser realidad.

El mes pasado tuve la oportunidad de visitar Honduras, y de paso, Guatemala y El Salvador; Y digo de paso, porque el viaje fue en automóvil (algo que, si no llevas suficiente tiempo, mucha paciencia para pasar las fronteras, y suerte… tal vez no sea demasiado recomendable). El viaje familiar, en el que hubo de todo, desde paisajes increíbles, hasta trámites fronterizos de la edad de piedra, fue solo para confirmar que, como México, Centroamérica aún no termina de realizarse.

Solo ver desde la carretera

Al recorrer los paisajes de Guatemala, El Salvador y Honduras (y con tantas horas) uno termina por pensar en su historia. Te imaginas la guerra civil en Guatemala (la paz fue firmada apenas en 1996) y sus miles de exiliados. Uno no puede comprender como hasta hace pocos años los paisajes de El Salvador estaban controlados por guerrillas que luchaban contra un ejército apoyado con dólares estadounidenses. Honduras, que también había pasado por golpes militares, tuvo conflictos como la Guerra del futbol con El Salvador. En Nicaragua, “el corazón de Centroamérica”, la revolución sandinista de 1979 (el mismo sandinismo, pero otro, que ganó las elecciones el año pasado) fue el epicentro de una convulsión social en toda Centroamérica (rodeado, como siempre, por la buena voluntad de Estados Unidos).

Alguien me preguntó si nos sentimos “seguros” durante el viaje: realmente no era para sentirse inseguros, es decir, no pasamos mucho tiempo en ningún lugar (vivimos más en las carreteras que en hoteles), y si no fuera por las fronteras (algunas de muerte, como El Amatillo, El Salvador-Honduras) y porque nos detuvieron dos o tres veces para checar permisos, revisar los autos y demás “faramalla”, no podría decir que sentimos inseguridad.

Aún así, la visión de tan increíbles paisajes y de un aparente sentimiento de normalidad, no terminan de ocultar lo que marcó a Centroamérica durante décadas: sinnúmero de muertos, intervencionismo extranjero, crisis económica constante, miles de exiliados… hoy, a esa herencia habría que agregarle el tráfico de personas (ya no solo indocumentados) en un comercio sexual que genera millones en ganancias y, peor, una sociedad que cree que todo va normal o hasta bien.

México y Centroamérica

Se podría pensar que la paz mexicana, aquella que oficialmente se conserva desde la revolución (aparecidos como el EZLN no cuentan), fue mejor que los conflictos que ha vivido Centroamérica.

Aquí no hubo guerra civil. Pero había un ejército que aplastaba cualquier foco rojo por pequeño que fuera. Aquí no hubo golpes de estado. Y es que no se necesitaban… el aparato político, construido sobre un partido único y a partir de cómoda alianza con los dirigentes obreros, campesinos y empresariales, era literalmente indestructible.

Aquí no hubo intervencionismo extranjero. EU no necesitó entrenar contras (guerrillas) como en Nicaragua para defender sus intereses: nuestro país ya tenía dentro demasiados intereses interligados con el poder local como para ser amenazado.

Aquí no hubo “presidentes ilegales”. Pero si un presidencialismo que mandaba callar cualquier palabra de la prensa que no gustara. Así, términos como “devaluación monetaria” nunca se leían en los diarios nacionales, todo era “ajuste económico”.

Aquí tenemos “mejores” carreteras (casetas y casetas y casetas…$), tiendas de autoservicio (= Walt Marts) y hasta mejores estadios de futbol…. y habrá que preguntarnos de que nos sirve todo eso cuando “los pobres” en el país suman 70 millones (más que toda Centroamérica) y la desigualdad, el verdadero problema, es la misma que en Guatemala donde la muchedumbre se mezcla con uno o dos Mercedes Benz.

México fue ejemplo de paz. Probablemente sí. Probablemente era lo más adecuado dada nuestra posición geopolítica. Pero la paz nunca significó mejora social, educación integral ni un verdadero avance democrático. Cambiamos el tener miles de muertos, por conservar a millones en la pobreza. Todo sea por la paz. Algunos pensarán que por lo menos en Centroamérica tuvieron el valor de tomar un arma y luchar por lo que consideraban justo…

¿No es Centroamérica, entonces, igual que México, sin México, con los mismos problemas, pero sin la aparente paz social de nuestro país? ¿Qué nos separa de ellos?

Tenemos el mismo pasado. Tal vez el mismo destino.

Por lo pronto, yo me quedó con los paisajes verdes de Guatemala, con la “tranquilidad” turística de la Antigua, con las eficientes carreteras de El Salvador y sus también eficientes trámites para pasar la frontera, con el pequeño poblado de Valle de Ángeles (con la mejor carne que he probado en mi vida), a un lado de Tegucigalpa, y los paisajes del norte de Honduras, en camino a San Pedro Sula.

Y sí, también pasé a un lado del estadio de San Pedro, donde El tri perdió 3-1 con Honduras hace algunos años, lo que nos cuesta por poco ir al Mundial de Corea-Japón… para como nos va siempre (o_O).

salvador

15 años de paz como ejemplo… de lo que falta.

El 16 de Enero pasado, Felipe Calderón (presidente de México, según el TRIFE) visitó El Salvador como invitado a la conmemoración de la firma de los acuerdos de paz de 1993. A 15 años “Los acuerdos de Chapultepec” pusieron fin a una guerra civil de más de una década con, oficialmente, setenta y cinco mil muertos. Las causas, factores y demás, hoy son parte de la Historia. Las deudas de la paz, sin embargo, son iguales en toda Centroamérica (Imagen: un muro con el nombre de los caídos en el conflicto y manifestaciones de lo real. Visto en La Jornada).

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One Comment

Dejar un comentario
  1. Bety / Mar 15 2007 6:42 pm

    QUE VERGÛENZA BRO!!!!

    En verdad esto si se llama orden y no lo que yo hago!!!

    Muy bien Bro.. ya te estaré molestando por este medio (ya que al fin funciona)
    Valió la pena la espera… jajajaja

    Prometo el fin de semana leer con detalle el contenido, pero así a primera vista, “a ojo de buen cubero”–> SI GOOD BRO!!!

    ¡Te quiero!

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