Baudelaire y los sábados por la noche (I)

Cada quien con su quimera

Bajo un vasto cielo gris, en una gran llanura polvorienta, sin sendas, sin hierbas, sin cardos, sin ortigas, encontré varios hombres que andaban encorvados. Cada uno llevaba sobre su espalda una enorme quimera, tan pesada como saco de harina o carbón, o el correaje de un infante romano. Pero la mounstrosa bestia no era peso inerte; por el contrario, envolvía y oprimía al hombre con sus músculos elásticos y poderosos; se agarraba con sus dedos, vastas garras, al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa superaba la frente del hombre, como aquellos cascos horribles con lo que antiguos guerreros esperaban provocar más terror en el enemigo.

Interrogué a uno dónde iba así. Repuso que no sabían nada, ni él ni los otros, pero que evidentemente iban hacia alguna parte, pues estaban impelidos por una necesidad de caminar.

Curiosa anotación: ninguno de los viajeros tenía aire de estar irritado con la bestia feroz, colgada de su cuello y pegada a su espalda; se diría que la consideraban parte de sí mismos. Estos rostros cansados y serios no testimoniaban ninguna desesperación; bajo la tediosa cúpula del cielo, los pies hundidos en el polvo de una tierra tan desolada como este cielo, caminaban con el aspecto resignado a quien está condenado a esperar siempre.

Y el cortejo pasó a junto a mí y se hundió en la atmósfera del horizonte, por el sitio donde la superficie redondeada del planeta se oculta a la curiosidad de la mirada humana.

Por instantes me obstiné en comprender este misterio, pero pronto la irresistible indiferencia se apoderó de mí, y fui abrumado con más peso que ellos mismos con sus quimeras aplastantes.


Charles Pierre Baudelaire
Pequeños poemas en prosa

Baudelaire (poeta francés, siglo XIX) se centra en el concepto de vivir.

Me imagino a Baudelaire viendo a la humanidad caminar a través de un gran desierto: desierto en el que todos estamos.

Cada quien con su carga. Cada quien con sus heridas. Con su sin sentido, con su vida. No importa que tan doloroso sea o parezca, la quimera que cargamos (pasado, traumas, temores, decepciones) se vuelve tan personal que terminamos considerándola como parte de nosotros.

Lo más intrigante es lo último. Después de contemplar el espectáculo, y de cierta “preocupación” expresada en la pregunta a uno de los caminantes, a Baudelaire lo abruma algo más pesado que todas las quimeras ajenas: la indiferencia.

Desde el concepto de soledad, expresado en los caminantes del desierto, hasta la actitud de indiferencia por todo y por todos, esto quizá hoy, sábado por la noche, pueda ser ilustrativo: en las ciudades, antros, bares y cafés atestados de caminantes; en los pueblos, las pequeñas plazas o cantinas. Mi generación ahogada en su propia quimera… acostumbrada a vivir fuera de idealismos (todo idealismo es ya una moda pasada), pensando que se vive una libertad al bailar, reír un rato y convivir con “amigos”… pero recordando unas horas después que traes encima un corazón destrozado, el peso de una cultura religiosa que no sabe quien es Dios, y con la incertidumbre que te da el vivir en el México de los salarios mínimos y el narco poder.

Eso es una quimera

Y nos acostumbramos. Y nos es indiferente ya la pobreza y desigualdad, la injusticia o la corrupción. No las podemos ver, porque como los caminantes de Baudelaire o los ciegos de Saramago, no sabemos o no queremos saber que nosotros mismos las sostenemos.

Mi generación es aquella que potencia hoy su individualismo indiferente a través de cierto concepto de libertad. Medios, políticos, artistas, religiosos, intelectuales y demás, predican: tienes libertad de elegir, de ser.

El problema es que en realidad y en la mayoría de casos, cada quien elige por sí, para sí, y como su santa inteligencia le dicta en el momento (el free famoso entre los chavos, el político o empresario corrupto con bolsas llenas de dinero, el religioso, que cree que por cumplir un rito es mejor. Todo lo resume el egoísmo). María Dubón hablando de la autonomía absoluta, para mí simple indiferencia, menciona que ésta“acentuaría la indefinición y nos llevaría muy lejos, adonde nunca debemos llegar”. ¿No será que ya llegamos ahí desde hace mucho?

Y aún hay más: en realidad… no se puede elegir. Tu quimera es ya muy grande cuando se te viene a la razón que “puedes” elegir.

La mayoría prefiere callar
(“Así nos toco vivir”)

Y Baudelaire lo dice bien: nadie sabe donde va. Que es algo así como ir tomando lo que la vida te arroje, sin esperar nada, sin luchar por nada, ¿para qué?.

Así, la vida de sábado por la noche se convierte en un día más junto con el domingo, donde iglesias, centros comerciales o estadios de futbol se pueblan de caminantes. Y después, otra vez tu semana.

Recuerdo que en algún trabajo de la preparatoria, escribí algo así como “el hombre nunca en su historia ha vivido realmente”. La profesora me contestó: “¿Cómo lo puedes probar?”. Tal vez es que simplemente soy humano.

Hoy, en la tan publicitada “Sociedad de la Información” o “Sociedad del conocimiento”, tenemos demasiadas cuentas pendientes. Demasiadas quimeras como para darnos el lujo de la conformidad, de no verlas.

*Quimera: creación imaginaría del espíritu tomada como realidad. Pendencia, riña.

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2 comentarios en “Baudelaire y los sábados por la noche (I)

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