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27 diciembre, 2007 / Felipe Delgado

Baudelaire y los sábados por la noche (II)

“¿Qué es lo que sueñas tú que mueve tu interior?”

La ilustración de Baudelaire sobre la humanidad es excepcional: teniendo el desierto como fondo, un grupo de viajeros carga una pesada quimera que los lastima. Nadie sabe donde va, nadie se lo pregunta. ¡Deben ir a algún lado!, observa uno… El grupo está caracterizado por una indiferencia total por el prójimo y aún de su propio dolor.

La humanidad carga con quimeras de las que parece rehúsa liberarse. Y, sin embargo, siente una imperiosa necesidad de ir “hacia algún lado”, de avanzar, de sentir que “progresa”…

Creo que Baudelaire abarca dos espacios: primero, es una fotografía del comportamiento de la mayor parte de nuestra sociedad, y en específico de nuestros sistemas económicos y políticos. Por otro lado, es una alegoría explícita de la vida particular de millones de personas.

Sobre el primero, vivimos bajo cierto tipo de discurso filosófico donde se nos hace creer que como sociedad estamos “progresando”. Solo hay que ver, nos cuentan, los adelantos científicos y tecnológicos, el libre mercado, la alza en los índices de educación y salud, la democracia en mayor número de países… se predica, en fin, el surgimiento de una “Sociedad de la Información”: modelo superior a todos sus antecesores por el hecho de estar basado en la tecnología y en la libertad casi total por hacer y pensar lo que se desée.

El problema está en el concepto de progreso lineal que se maneja: creemos que el siglo XXI es superior a todo lo anterior por el simple hecho de ser actuales… “Hoy estamos mejor que ayer y mañana estaremos mejor que hoy”. Parece broma… pero así nos manejamos: en la política y en la economía, que decir de la religión.

¿O no parece que la democracia es siempre una promesa de la cual la mayoría no ve los frutos?… Frutos prometidos de cuando en cuando.

Y nos lo seguimos creyendo.

Esto, que a simple vista parece sin importancia, permea todo el pensamiento de una sociedad hambrienta de vivir lo más moderno… aunque eso sea una quimera tan grande de sostener como el consumismo con su continua destrucción del medio ambiente. ¡Lo crucial es avanzar! ¿Hacia donde y porqué? ¡Qué importa!

Más rápidos. Más democráticos. Más “informados”… ¿Sin ningún propósito más que el de tener dinero en el bolsillo?

La vida particular de millones de personas está en el terreno de la imaginación de Baudelaire: hace poco, una chavala de dieciocho años me dijo, “No sé porque preferimos estar vivos a muertos… somos patéticos”.

Y es cierto. Muchas veces somos patéticos.

La vida de millones de jóvenes está hoy a la deriva en un sistema que no sabe que hacer exactamente con ellos: a los más capacitados, los explota día y noche. A cambio, solo les da una retribución con la que puedan comprar cosas. Y eso está bien… pero el círculo quizá nunca termine.

A los otros, los menos afortunados de no nacer en tal país, tal estado o tal colonia, les está preparado un futuro mucho más complicado. No solo un horizonte sin una vida “digna” (o lo que el mundo piensa que lo es), sino el estigma de quedarse atrás en este acelerado mundo que no deja de girar sobre Walt Street, Coca Cola y las promesas de nuestros políticos religiosos o religiosos políticos.

Para entender un poco la vida, tal cual la pensaba Baudelaire, es necesario detenerse un tanto.

¿Qué es lo que sueñas tú que mueve tu interior?, dice una rola de Jesús Adrián Romero. ¿Cuál es el propósito genuino detrás de nuestras acciones? ¿Cuál el sentido de mis actividades? ¿Cuáles las motivaciones que me hacen seguir tal o cual camino?

Hace poco una amiga me lo preguntó. Sinceramente hace meses que no pensaba en eso, por lo menos no concientemente: ¿Qué es lo que te mueve Felipe?

La juventud de hoy vive bajo una máscara de papel (que estas fiestas decembrinas cambia por gorros de Santa) y quizá no muchos se preguntan a donde va todo esto. Y no es que a la chavala de 18 años que me habló de esa forma ya le pese la vida… es que, quizá, haya visto a su sociedad caminando por el desierto y no le agrade formar parte del grupo.

Más allá de los centros comerciales o antros atiborrados, de las fiestas, ya sea en clubes exclusivos de Cuernavaca o Acapulco o en los barrios bajos del Oriente de la Ciudad de México, de la educación High que creamos tener, los sábados por la noche siguen siendo ilustración de lo que somos: liberados de la rutina semanal, creemos que ese día en especial podemos hacer lo que nosotros queramos. Pero, ¿realmente es así? ¿O solo cargamos con nuestras ondas de aquí para allá sin saber donde tirarlas? ¿Sin saber que hacer con ellas… o con nuestra propia vida?.

¿Qué es lo que te mueve?

(Y no me salgan con Rescate o Ska-P… que eso ya lo escogí yo)

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