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15 septiembre, 2008 / Felipe Delgado

¿Qué festejan los mexicanos?

Hace muchos, muchos años, nos dijeron que eramos libres… Y lo creímos.

Cuando México se apresta a festejar un aniversario más de su independencia, quizá tenga sentido preguntar, ¿qué es exactamente lo que celebramos?

Días llenos de incertidumbre y de indiferencia. Días llenos de violencia, mediática y real. Días que mezclan el optimismo de la pseudo-política con la desesperanza visible de millones de “ciudadanos” y oculta, de aquellos mismos pseudo-políticos. Los muertos, en vida y de los otros, se cuentan por miles y millones, da igual.

Días de perder. México en penosos lugares en todos los índices internacionales de todos los ámbitos habidos y por haber: Competitividad, Tecnología, Educación, Sociedad de la Información.

Tiempo corrupto. De la ciudad norteña que pide 200 millones de pesos a Hacienda, y que se los dan con la “condición” de que deje en el camino el 10% por concepto de intermediación… hasta las empresas de limpieza donde los supervisores aviadores se llevan miles de pesos mensuales a costa de trabajadores sobreexplotados.

¿Qué festejamos mexicanos?

Octavio Paz tenía razón cuando decía que el único momento que unía a todos los mexicanos era el grito de independencia. Pero no importa que se festejen dos, tres, cuatro, cinco gritos, por distintos personajes y que cada quien diga ¡ Viva México ca$!#$ !… no importa, porque, preguntántelo:

¿Qué es eso de“Viva México?

(ese grito que alguien lanza emocionado al finalizar el Huapango de José Pablo Moncayo, en el Centro Cultural de la UNAM, y repetido por todos los asistentes…)

¿Acaso es un sentimiento escondido? ¿Identidad?

El ¡Viva México! a estas alturas es antes que nada, la plegaria solicitando auxilio al personaje que sea y llámese como se llame… es el optimismo de unos segundos frente a una capital y un país postrados. El Viva México es pa’ acabarla, un buen deseo, nadamás.

¿Qué festejaba yo cuando era niño?

Saliamos a “tronar cohetes”… nos convertíamos en verdaderos artilleros pesados: armados hasta los dientes con toda suerte de chucherías: palomas, cohetes, cañones, ratones y hasta chinampinas. Una vez coloque una bandera en la marquesina de mi casa. Hoy, al ver la clara realidad, entiendo que de niño, el 16 de Septiembre tenía más razón de ser.

Hoy no hay nación, ni patria, por más que la “señorita Colegio Militar”, que pronunció el discurso del 13 de Septiembre (por aquello de los “Niños Héroes”), piense que sí. México es solo una idea. Como la mayoría de las cosas… y ese no es el problema. El problema es que ya ni siquiera buenas ideas tenemos.

Por eso, Elisa Rando, me pregunto y pienso lo mismo que tú:

Hace muchos, muchos años, nos dijeron que éramos libres. Libres de toda, toda esclavitud.

Y lo creímos.

Hace muchos, muchos años nos hicieron cantar y cantar a la nueva y gloriosa nación. Era la nuestra.

Y le cantamos.

Nos quisieron hacer creer que había patria. Que teníamos gloriosos generales. Valientes granaderos. Soldados invencibles. Y que el sol de la bandera nunca se nublaba.

Y nos reímos.

Hace muchos, muchos años, nos enseñaron a cantar, tres veces en el himno, a una señora llamada Libertad. A las glorias inmarcesibles. Nadie nos decía qué quería decir inmarcesible. Tampoco qué era la libertad. Menos quién la controlaba. Pocos nos dijeron cómo se conquistaba.

Cuando mataron a los primeros, por defenderla, fue cuando dudamos de todo. Pero ya no pudimos reírnos

Hace muchos, muchos años, los hombres del mundo mueren en las luchas por la libertad.

Hace muchos, muchos años que las glorias de la nación las estamos discutiendo.

Hace muchos años, pero menos, nos dijeron: Nunca más.

¿Fue un sueño?

Es un sueño.

¿Crecimos soñando?

Vivimos soñando.

¿Moriremos soñando?

Ojala podamos vivir creando.

¡Cómo nos engañaron de pequeños!

¡Cómo nos maltrataron de jóvenes!

¡Cómo nos explotaron de adultos!

¡Cómo nos abandonaron de viejos!

Escucho decir que todo es por culpa del sistema. Que todo eso es el sistema.

¿Qué cosa es el sistema?

¿Dónde se compra el sistema?

¿Dónde se vende el sistema?

Sólo sabemos cómo se cambia el sistema.

Siempre escuché, que engañar a un niño, es engañar al hombre o a la mujer que será mañana. Que es crear un resentido.

Es esta sociedad hipócrita y componedora, ¿semillero de resentidos?

Me resisto a creerlo.

Los hombres y mujeres que hoy recorremos las calles reclamando justicia, trabajo, libertad ¿Somos los engañados de ayer? ¿O los desaparecidos de mañana?

¿Dónde están los que fueron mis maestros?

Murieron sin jubilarse.

¿Dónde están los que embellecieron nuestra adolescencia y juventud explicándonos la esencia de la doctrina que iba a liberar al hombre de los temores de crecer en libertad?

Algunos murieron, de muerte obligada. Otros desaparecieron.

¿Dónde reside la libertad?

Y con todo, pienso que México, de Tijuana a Tapachula y el que vive en otros países, aún vale la pena.

Actualización: me acabo de enterar del atentado que dejó varios muertos en Morelia, Michoacán. Creo que debemos entender que más allá de los discursos mediáticos inútiles de los tres órdenes de gobierno, México ya no puede seguir llamándose aquel país seguro y sin terrorismo que siempre se dijo ser.

Morelia, una tranquila ciudad colonial en la que tuve el privilegio de vivir, ha terminado por convertirse en el ojo del huracán del narcotráfico que afecta a esa increíble y mágica región mexicana.

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