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30 noviembre, 2008 / Felipe Delgado

Por la comida en la Facultad de Ciencias y el buen vivir

“Intentó dar a los demás de él, hasta que ya no tuvo nada más, escuchó al mundo.”

Con esa frase Olypassiline resume una existencia.

Terminar la vida a los 24 años no tiene mucho sentido para la mayoría.

Vivir atrapado entre miedos es la constante de hoy

¿Cuándo se vive?… ¿Cuando se tiene todo bajo control? ¿Cuando se ha terminado un posgrado? ¿Cuando se te considera “culto”, “cool” o el tipo-tipa “yo quiero ser así”?

¿Cuándo se vive?

La vida no deberíamos medirla en tiempo… hay quienes viven noventa años, no tan bien. Y hay otros que solo viven unos cuantos años.

Antes que toda la psicología “club del optimista” se pirateara de mala forma la idea de “vive cada día”, ya Jesús hace centenas de años lo decía: “Baste al día su afán”

¿Es necesario que se padezca una enfermedad terminal para contar con otra visión de mundo? Creo que no.

Gracias amigo del comedor de la Facultad de Ciencias de la UNAM. No tuve la suerte de conocerte, pero mi hermana me comentó alguna vez que le “hacías el día” a la gente que iba ahí,

“¡a comeeerrrrr chamacos!”

Y es que quizá no sea necesario vivir ochenta años y que te hagan un homenaje para quedar en la memoria de las personas… y quizá ni siquiera esto último sea el fin. Quizá lo importante sea tan solo esa chispa de todos los días, esa pasión y movimiento continuo que motive nuestra mente y corazón.

Intentar dar a los demás de uno mismo. Escuchar a los otros.

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