Vista al mundo

¿Qué es aquello que no se puede comprender?

¿A unas niñas ofreciendo un papel inentendible sobre una avenida de ricos?

¿A Kapuscinsky narrando la vida de el Chato Peredo, guerrillero boliviano de 25 años, soñando con devolver al pueblo lo perdido, a conducirlo a una revolución gloriosa de justicia y libertad… soñador (como el Che), junto con otros setenta y cinco, de los que se salvaron ocho y el resto murió en la soledad de la selva, fusilados por un destacamento militar o de hambre. Todos jóvenes. Todos destinos y vidas desconocidas y anónimas?

¿Qué es aquello que no se puede comprender

… las caras fatigosas y hastiadas después de la jornada laboral?

… el adolescente inválido a la entrada del metro o el adolescente que vende cigarros?

… una viejita diciendo incoherencias en medio de puestos ambulantes y de gente que va pasando a su alrededor, indiferente… o por lo menos intentando ser indiferente?

¿Qué de aquella señora grande que todos las noches veo con su carrito de mercancías de quien sabe que?

¿Qué de aquel señor un poco más jóven, pero ciego, que pregunta y habla y ríe,  con quien se deje y quien le responda, ya en el autobús?

“‘¿Ya casi llegamos jefe?”, le repite cada diez segundos al chofer.

Baja del autobús. Tienta con su bastón la banqueta y después la pared de la primera casa. Alguien sentado en esa esquina se pone de pie ante el inminente golpe del bastón… pero aquel ciego se sienta y ahí se queda. No sé hasta cuando. No sé hacia donde va…

A poco de llegar a casa, me doy cuenta de que no traigo llaves para entrar a mi “privada” (calle cerrada), pero por suerte unos vecinos vienen delante de mí y abren. Casi sin enterarse, me han hecho un favor… y recuerdo que uno de ellos les “quitó” a mis amigos de la secundaria sus relojes cuando jugabamos futbol a solo unas cuadras. Él, supongo, no lo recuerda.

Tal vez hoy veamos lejanos a los jóvenes guerrilleros bolivianos de la década de los sesenta. Quizá, si es que leemos en una pantalla de computadora, no nos toque o elijamos estar a la entrada del Metro pidiendo un peso. Quizá cada humano tenga en su historia y vida lo que ha cosechado… quizá los más de cinco mil muertos por el narcotráfico este año en México poco signifiquen.

¿Pero quién somos nosotros para juzgar a otros, cuando en nuestra vida diaria actuamos de forma irracional?

… cuando no tomamos nuestra responsabilidad individual?

… cuando dejamos que nuestra empresa o gobierno siga siendo mediocre?

¿Porqué tratar de entender la violencia de nuestro país cuando no somos capaces de barrer siquiera la banqueta del vecino?
¿Porqué gastar millones en campañas a favor del uso del condón si lo único  que se quiere es sexo para olvidarse por unos segundos de la vida?

La realidad detrás de la desigualdad, pobreza y exclusión, encuentra su lado hermano en un país desinteresado por si mismo, un pueblo ignorante e indiferente de su realidad, la mediocridad gubernamental e individual para solo cumplir y cumplir,  el placer del momento… que importa el después, el trabajo bien pagado a cambio de hacer nada.

Llego a casa. A pesar del paisaje humano, ha sido un buen día. Doy gracias… Cenamos en familia. Hacemos planes. Nos reímos y abrazamos… sabemos que el día de mañana también tendrá su paisaje humano y necesitamos fuerza. Dios lo sabe… y mis amigos también.

* Delirious? – It´s Ok

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