Acompañados en el desierto

“No hay nadie más en la vastedad; nuestro demencial soliloquio interior no frena nunca. Claro, son los dominios del Yoísmo absoluto en tiempos de carne de deseo y de venta. Por eso tiene tanto éxito Twitter: hace menos insoportable el egotismo contemporáneo. En efecto, el centro del universo se ha fragmentado: tiene millones de centros: palabras e imágenes cuyo único fin es reforzar el vacío bajo la idea de crear comunidad. Una red de contactos que reúne discursos, trayectorias e ítems en un punto: la virtualización de la amistad. Tienen razón cuando corroboran que la cápsula de soledad se presenta en forma de exhibicionismo. La literatura emplea la palabra “deseo” para justificar la presencia de los fantasmas en la sique humana. Deseo de estar acompañado en el desierto.”

Filemón Alonso-Miranda, Urbanitas

Creo que Filemón describe con una frase sencilla gran parte de la cultura que nos ha tocado vivir y que construímos nosotros mismos: “tiempos de carne de deseo y de venta”. Y es cierto, estos son tiempos en los que la sexualidad permea casi cualquier tema de nuestra cotidianidad (cuentan que el “internet pornográfico” es tres veces mayor el internet comercial general). Y por supuesto, hoy todo es negociable, todo es vendible: desde esa innombrable palabra pasada de moda – el “amor” -, hasta la dignidad, respeto, confianza y demás cursilerías propias de los abuelos de nuestros abuelos (dicen). Pero tampoco hay golpes de pecho: esto no es sobre aquel discurso de “los valores se están perdiendo” (que alguien me diga cuando exactamente existieron). No… yo creo, como Filemón, que nos ha tocado vivir una época en el que el egoísmo absoluto es el centro de todo. Una época en donde la tecnología ha jugado un papel clave al darnos la oportunidad de potenciar nuestro micro-universo… tal vez hemos vuelto a enterrar a Galileo creyendo, como antes pero con una sutil diferencia, que el universo gira alrededor de nosotros (nosotros=yo).

Deseo de estar acompañados en el desierto… pero, ¿realmente queremos compañía? ¿Para qué y con qué propósito? ¿Para seguirnos exhibiendo… y después volver a la cueva?

Facebook, MySpace, Hi5,  y demás… todos tienen su utilidad, pero igual reflejan parte de la realidad que siempre, creo yo, ha existido: el deseo de estar acompañados, el deseo de comunicar, de saber, de formar parte… deseos que muchas veces se vuelven solo exhibición (de “carne de deseo” por ejemplo) y de comunicación sorda (léase cualquier foro de discusión sobre algún tema polémico).

Al escribir esto no puedo dejar de recordar lo que escribiera Baudelaire, antes aún que nos inventaramos Internet y que hubiera más celulares que libros en nuestras casas:

“Bajo un vasto cielo gris, en una gran llanura polvorienta, sin sendas, sin hierbas, sin cardos, sin ortigas, encontré varios hombres que andaban encorvados. Cada uno llevaba sobre su espalda una enorme quimera, tan pesada como saco de harina o carbón, o el correaje de un infante romano. Pero la mounstrosa bestia no era peso inerte; por el contrario, envolvía y oprimía al hombre con sus músculos elásticos y poderosos; se agarraba con sus dedos, vastas garras, al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa superaba la frente del hombre, como aquellos cascos horribles con lo que antiguos guerreros esperaban provocar más terror en el enemigo.

Interrogué a uno dónde iba así. Repuso que no sabían nada, ni él ni los otros, pero que evidentemente iban hacia alguna parte, pues estaban impelidos por una necesidad de caminar.

Curiosa anotación: ninguno de los viajeros tenía aire de estar irritado con la bestia feroz, colgada de su cuello y pegada a su espalda; se diría que la consideraban parte de sí mismos. Estos rostros cansados y serios no testimoniaban ninguna desesperación; bajo la tediosa cúpula del cielo, los pies hundidos en el polvo de una tierra tan desolada como este cielo, caminaban con el aspecto resignado a quien está condenado a esperar siempre.

Y el cortejo pasó a junto a mí y se hundió en la atmósfera del horizonte, por el sitio donde la superficie redondeada del planeta se oculta a la curiosidad de la mirada humana.

Por instantes me obstiné en comprender este misterio, pero pronto la irresistible indiferencia se apoderó de mí, y fui abrumado con más peso que ellos mismos con sus quimeras aplastantes.”

Acompañados en el desierto, pero aún más que eso: acompañamiento que lleva a ninguna parte, que no tiene propósito. Es un compartir que no da fruto de nada porque nada recibe… y una pertenencia que no sabe exactamente porque está ahí “pero que se imagina que por algo está ahí”. Todos creemos que vamos para algún lado, en compañía de alguien… (México va para adelante, dicen los que saben, aunque no aclaran exactamente a dónde).

Habría que cuidar que nuestra participación en la red, reflejo de lo que somos, no se convierta en parte de nuestras quimeras (mounstruos imaginarios) con las que cargamos todos los días.

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