El “sistema”… y la conversación con los cuates

“No creo en el sistema. Por eso no tengo teléfono celular, ni tarjeta de crédito, ni cuenta bancaria, ni televisión. Tampoco creo en los que preconizan el antisistema o el antisistemismo. No voto ni milito; no creo en los políticos, no creo en la política. Diariamente veo los titulares de un par de diarios, como para estar al tanto de ciertos temas de los cuales algunos de mis amigos se empecinan en hablar. Aunque no creo en los diarios –me dan, literalmente, asco–, sí creo que es importante conversar con los amigos; para eso hay que manejar una onomástica mínima, un tono, un resentimiento genérico…”

Lillas Pastia, visto en Nostromo

Ha pasado mucho tiempo. O quizá no. “Mucho tiempo” es algo así como 3 o 4 meses para mí. Para nosotros que nos veíamos todos los días, creo que sí es mucho tiempo.

Hace unos días volví a ver a mis amigos de la Universidad, aunque yo prefiero decirles “mi familia extendida”… digo, ¡cuando pasaste cuatro años conviviendo todos los días con unos sujetos con los que te desvelaste, enojaste, reíste y demás, supongo que algo cierto debe haber en eso! Y así lo siento.

Y es que a pesar de que ahora han entrado otras personas a nuestras vidas, parecería que los verdaderos amigos seguirán estando allí. La conversación entre nosotros es siempre diferente e igual. Siempre al “nivel” requerido, aunque pensemos tan distinto. Hemos ido cambiando, aprendiendo, viviendo cada quien su vida, pero creo, no olvidándonos.

Pero lo que realmente me sigue fascinando es esa facilidad de identificarnos, no porque creamos lo mismo, sino porque la misma conversación nos lleva hacia esa “onomástica mínima”, a ese “tono” y “resentimiento genérico” del que habla Lillas Pastia… al hablar sobre la situación de México, por ejemplo, no podemos evitar mencionar ejemplos de lo que nos pasa a diario en el trabajo, en la escuela, en la calle. Y quedamos todos de acuerdo: la situación es complicada. Y en un momento pareciera que todos nos quedamos callados como queriendo entender un poco más, pero es inútil… y así debe ser, inútil, porque creo que una reunión de amigos no es, principalmente, para resolver los problemas de la macroeconomía o del precio del petróleo.

Yo tampoco creo en el sistema. Pero sí creo en la conversación con personas que luchan todos los días desde cualquier ámbito: personal, laboral, espiritual. Esas conversaciones son necesarias… no para autocomplacencia, sino para entender que el mundo va mucho más allá de nosotros mismos. Para saber que debemos seguir, aunque cueste. Y también, porque no, para medir esfuerzos, felicitar al amigo o animar al que creamos que ha perdido el rumbo.

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