Sobre la experiencia. Carlos Fuentes

La pregunta definitiva de la experiencia la hace Calderón de la Barca en la obra maestra del teatro español, “La vida es sueño”: El mayor delito del hombre es haber nacido. Segismundo, el protagonista de la obra, se compara a la naturaleza, que teniendo menos alma que él, tiene más libertad. Segismundo siente esta ausencia de libertad como una disminución, un no haber totalmente nacido, una conciencia de «que antes de nacer moriste». Pero, ¿no es un delito mayor no haber nacido en absoluto? Calderón nos libra al ritmo íntimo del sueño. Soñar es compensar lo que la experiencia nos negó. Soñamos hacia adelante, pero también hacia atrás. Deseamos en ambos sentidos. No, lo mejor es haber nacido. Y a cada cual nos incumbe examinar las razones por las cuales valió la pena haber nacido, y preguntarnos sin tregua, y sin esperanza de respuesta, las interrogantes de la experiencia: ¿Cómo se relacionan la libertad y el destino? ¿En qué medida puede cada uno de nosotros dar forma personal a nuestra propia experiencia? ¿Qué parte de nuestra experiencia es cambio y qué parte, permanencia? ¿Cuánto le debe la experiencia a la necesidad, al azar, a la libertad? ¿Y por qué nos identificamos por la ignorancia de lo que somos: unión de cuerpo y alma y sin embargo seguimos siendo exactamente lo que no comprendemos?

Tomado de En esto creo

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