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21 julio, 2014 / Felipe Delgado

Octavio Paz: la inmortalidad de los sentimientos

“Creces, surges, fuera, dentro, impalpable, en el aire y el alma; un alma como aire mecido en música con un tacto de luz—; no tu presencia física, sino el clima alucinado que te rodea, la atmósfera que no respiras, sino que te ilumina y penetra, el estremecimiento que te anuncia. Doy gracias a Dios porque existes.”

“No quiero la tranquilidad que nace de estrangular mi propio corazón. No quiero la comodidad que consiste en sepultar mi dolor y mi alegría (…) Quiero saber de mí, por ti, imagen visible del mundo, forma en la que se equilibran todas las formas inefables de la tierra, voz de la tierra que hace visibles y cercanas todas las voluntades dispersas del universo, suspensas en ti (…) No quiero interrogar nada, no quiero saber qué significa. ¡Nos engañamos siempre! Pero quiero vivir en ese mundo apasionado donde pasan tantas cosas, donde el milagro es diario, y están juntas todas las fuerzas de la vida.”

 

Amor y Literatura

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