Quizá, aún hay cosas que se enfrenten a la guerra. Quizá.

“Mientras las bombas de afuera dominen las voces de dentro, aquí seguiremos… hasta que juntos ustedes y yo derrotemos la cacofonía de la guerra con la destemplada armonía de Berlioz.”

Carlos Fuentes, Instinto de Inez

A 96 años del “Día del Armisticio” y el fin de la Primera Guerra Mundial.

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Octavio Paz: la inmortalidad de los sentimientos

“Creces, surges, fuera, dentro, impalpable, en el aire y el alma; un alma como aire mecido en música con un tacto de luz—; no tu presencia física, sino el clima alucinado que te rodea, la atmósfera que no respiras, sino que te ilumina y penetra, el estremecimiento que te anuncia. Doy gracias a Dios porque existes.”

“No quiero la tranquilidad que nace de estrangular mi propio corazón. No quiero la comodidad que consiste en sepultar mi dolor y mi alegría (…) Quiero saber de mí, por ti, imagen visible del mundo, forma en la que se equilibran todas las formas inefables de la tierra, voz de la tierra que hace visibles y cercanas todas las voluntades dispersas del universo, suspensas en ti (…) No quiero interrogar nada, no quiero saber qué significa. ¡Nos engañamos siempre! Pero quiero vivir en ese mundo apasionado donde pasan tantas cosas, donde el milagro es diario, y están juntas todas las fuerzas de la vida.”

 

Amor y Literatura

“La idea del amor, como la de Dios, es imposible”

¿Encontraría ese último amor? ¿Lo disfrutaría? “No, no he tenido la suerte”, asegura, después de haber intentado evadir la curiosidad. “En el fondo la idea del amor, como la de Dios, es imposible. Se debe amar a alguien en su libertad cuando tendemos a poseerlo y así, no hay manera”.

Nota en El País

Para Álvaro Pombo el amor es imposible porque al querer algo se le restringe su libertad. Y eso, quizá generalmente, es cierto (al menos para el “amor” practicado en estos tiempos)… aunque otros mencionan que más bien al estar con alguien es necesaria una “tenue disciplina”. Y yo estoy de acuerdo con esto último. ¿Cómo no tener disciplina en una relación en la que dos almas, como dos engranes, deben bailar al unísono? ¿Pero podemos llamar a eso “restringir la libertad”? (y es cierto: ningún engranaje es perfecto, pero eso es otra cosa).

Me sorprende un poco la analogía con Dios. ¿Porqué es imposible la idea de Dios para este autor? ¿Quizá piense la creencia de que si Él nos ama entonces restringe nuestra libertad? ¿Ó será porque, nosotros, al amar a Dios lo encerramos en un concepto y le restringimos ser Dios?

En el ámbito cristiano la libertad es indisoluble del amor: la misma aceptación del Dios cristiano empieza con la libertad humana. No se puede amar a Dios sino empezando por tomar una decisión conciente, personal. Por otro lado, Dios no ama al hombre porque este haga cosas (“buenas” o “malas”): Dios ama al hombre por su sola decisión de hacerlo.

Sin libertad no hay amor.

“Y conocereís la verdad, y la verdad os hará libres”, registran los evangelios.

No hay amor si no hay verdad. Y si hay verdad, entonces puedes elegir. Eso, en un plano muy humano, es libertad.

Libertad, requisito para escribir

“Solo se puede escribir de verdad en un estado de absoluta libertad interior”

“El escritor tiene que crear en torno suyo un espacio de libertad radical”

Antonio Muñoz Molino, Premio Príncipe de Asturias 2013

Si la absoluta libertad no existe en la dimensión humana, sí la aspiración a ella, su continua búsqueda. Esto último, decía Carlos Fuentes, es lo que nos hace libres.

Sobre la lectura, Harold Bloom

“No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial para que leamos. A la información tenemos acceso ilimitado, pero ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado, tal vez se tope con un maestro que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.

… Sin embargo, el motivo más profundo y auténtico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil… Hay una versión de lo sublime para cada lector, la cual es, en mi opinión, la única transcendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos ‘enamoramiento’… Sólo se puede leer para iluminarse uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más

Tomado de “Cómo leer y porqué” de Harold Bloom