Un nuevo comienzo

Solo voltear, ser congruentes con uno mismo,

aferrarnos a nuestras convicciones,

ser una vez más en este día, pero ser

todo eso, para un nuevo comienzo.

En lo personal, me intriga la capacidad de destrucción del ser humano, pero también me llama la atención la profunda sensibilidad y atención por su condición humana. La Historia nos enseña de varios personajes de este tipo. Algunos de ellos, como no podía dejar de ser, están en la Biblia, ese libro que fundó buena parte de lo que llaman cultura judeo-cristiana en la que hoy vivimos, o decimos que vivimos.

Entre los más famosos personajes bíblicos encontramos a David, uno de los primeros soberanos del Antiguo Reino de Israel. Al leer a David escribiendo sobre y para Dios, de una manera sumamente personal y profunda, es imposible no sentir algún interés por sus motivaciones, se coincida o no con su forma de pensar.

Creo que la autenticidad está ahí ¿Cuántas personas auténticas existen hoy? ¿Dónde podemos encontrarlas? Para David esto era de importancia clave: integridad ante un Dios que lo puede conocer todo, que es tan inaccesible como las estrellas, pero que al mismo tiempo es tan cercano como el saludo a tu familia por la mañana. David se aferraba a algo interior, a su “ser”. Desde su perspectiva “religiosa”, este personaje bíblico luchaba por conservar lo único que creía de valor en él: el Espíritu de Dios, este que nos hacía concientes de nuestra situación en el mundo, con los demás hombres y con Dios mismo.

Autenticidad. Ser íntegro.

Lo que para David era un Dios personal, en el siglo XX Martin Buber lo menciona como “Lo Absoluto”. Para David, una comunión con ese Absoluto (que poco o nada tiene que ver con el “misticismo”) y una relación genuina con los demás, eran condiciones necesarias de un individuo auténtico.

Comenzar de nuevo, en relación y autenticidad con Lo Absoluto y con los demás para ser hombres completos. Eso, de lo que vino a enseñarnos Buber apenas el siglo pasado, lo escribía ese antiguo rey hebreo hace ya miles de años.

Autenticidad y profundidad. Convicción y fe.

Siempre hay nuevos comienzos… las heridas del pasado ya fueron cuando debieron ser, porque de ellas aprendimos.

Y al escribir, recuerdo a uno de mis cantantes favoritos, de esos que yo creo auténticos, Martin Smith, al final del concierto de despedida de Delirious? en Londres, en noviembre pasado.

Autenticidad. Comenzar de nuevo.

Martin Smith, liderando a Delirious? en la parte final de My Soul Sings

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El “sistema”… y la conversación con los cuates

“No creo en el sistema. Por eso no tengo teléfono celular, ni tarjeta de crédito, ni cuenta bancaria, ni televisión. Tampoco creo en los que preconizan el antisistema o el antisistemismo. No voto ni milito; no creo en los políticos, no creo en la política. Diariamente veo los titulares de un par de diarios, como para estar al tanto de ciertos temas de los cuales algunos de mis amigos se empecinan en hablar. Aunque no creo en los diarios –me dan, literalmente, asco–, sí creo que es importante conversar con los amigos; para eso hay que manejar una onomástica mínima, un tono, un resentimiento genérico…”

Lillas Pastia, visto en Nostromo

Ha pasado mucho tiempo. O quizá no. “Mucho tiempo” es algo así como 3 o 4 meses para mí. Para nosotros que nos veíamos todos los días, creo que sí es mucho tiempo.

Hace unos días volví a ver a mis amigos de la Universidad, aunque yo prefiero decirles “mi familia extendida”… digo, ¡cuando pasaste cuatro años conviviendo todos los días con unos sujetos con los que te desvelaste, enojaste, reíste y demás, supongo que algo cierto debe haber en eso! Y así lo siento.

Y es que a pesar de que ahora han entrado otras personas a nuestras vidas, parecería que los verdaderos amigos seguirán estando allí. La conversación entre nosotros es siempre diferente e igual. Siempre al “nivel” requerido, aunque pensemos tan distinto. Hemos ido cambiando, aprendiendo, viviendo cada quien su vida, pero creo, no olvidándonos.

Pero lo que realmente me sigue fascinando es esa facilidad de identificarnos, no porque creamos lo mismo, sino porque la misma conversación nos lleva hacia esa “onomástica mínima”, a ese “tono” y “resentimiento genérico” del que habla Lillas Pastia… al hablar sobre la situación de México, por ejemplo, no podemos evitar mencionar ejemplos de lo que nos pasa a diario en el trabajo, en la escuela, en la calle. Y quedamos todos de acuerdo: la situación es complicada. Y en un momento pareciera que todos nos quedamos callados como queriendo entender un poco más, pero es inútil… y así debe ser, inútil, porque creo que una reunión de amigos no es, principalmente, para resolver los problemas de la macroeconomía o del precio del petróleo.

Yo tampoco creo en el sistema. Pero sí creo en la conversación con personas que luchan todos los días desde cualquier ámbito: personal, laboral, espiritual. Esas conversaciones son necesarias… no para autocomplacencia, sino para entender que el mundo va mucho más allá de nosotros mismos. Para saber que debemos seguir, aunque cueste. Y también, porque no, para medir esfuerzos, felicitar al amigo o animar al que creamos que ha perdido el rumbo.

25 días. Lo recomendable

1. Asamblea de pájaros

Opinión de Herman Bellingaunsen

Al otro extremo del prado, entre las milpas y los matorrales, como quien no quiere la cosa, rondan tordos y zanates, y dicen que hoy pidieron refuerzos nada menos que a los cuervos. Pero se mantienen lejos. Nerviosos y hostiles, sin necesidad. También ellos, si se aproximaran, tendrían mucho qué aportar al tema de la asamblea: ¿Qué le pasa a la gente, a los humanos allá abajo, que andan tan alterados y raros? Se acaba por congregar cualquier cantidad de emplumados, todos con un punto de vista más o menos desinteresado…

“Y la de balazos que se andan dando”, exclama un zopilote desde bien alto. Coinciden en pleno las aves de la ciudad y del campo, las que atraviesan cerros, selvas, costas, desiertos. Y fronteras, pues no necesitan papeles para cruzar líneas imaginarias.

Un águila de cabeza blanca cierra la ronda de oradores sacando por el pico dorado una de esas observaciones de conjunto que son su fuerte: “Cuando los jefes de los humanos se hayan quedado con todo ya no habrá nada. Hasta los ricos serán pobres el día que todo sea sólo de ellos”


2. Los 4 Méxicos

Opinión de Ricardo Raphael

Un día sí y otro también se reclama a los gobernantes, jueces, soldados, policías y fiscales que sean tan ineficaces para frenar la violencia, que se hayan dejado corromper por las mafias, que no cuenten con funcionarios profesionales para asegurar el ejercicio de la ley;…

Todas son recriminaciones válidas… Sin embargo, habría de reconocerse también que estas graves circunstancias son sólo una parte de la ecuación a la hora de explicar lo que hoy se vive en México. Junto al Estado fallido hay una gran parte de la sociedad que participa cotidianamente como cómplice de la ilegalidad…

Los sicarios han disfrazado de heroicidad y supuesto vigor masculino su actividad criminal. Son ellos quienes pagan fortunas para que famosos grupos musicales compongan corridos donde se celebren sus atrocidades,…

Un segundo México es el de quienes, conciente o inconscientemente, se han vuelto cómplices de los anteriores.

El tercer grupo de mexicanos está compuesto por las élites –del poder y de los dineros– que han encontrado en esta desafortunada situación un formidable negocio…

Por último aparece el cuarto México, cuyo rasgo común es que detesta a los tres anteriores. Ahí se ubican los mexicanos que no han renunciado a construir un país donde la vida buena sea posible, donde su existencia y sus posesiones estén a salvo de los abusos y la brutalidad, donde la dignidad de las personas sea relevante.

3. Javier Mina: la doble insurrección revolucionaria

Columna de Juan M. Alponte

El hijo tercero de Juan José Mina y María Andrés Larrea fue bautizado el 1 de julio de 1789. Año de la Revolución en Francia. No en el pueblo navarro de Otano —España— donde, en la iglesia de San Salvador le impusieron el nombre de Martín Javier. Martín fue el padrino; Javier el santo navarro, misionero, viajero con India al fondo…

La insurrección contra el absolutismo y la Inquisición (reinstalada por Fernando VII) le condujo a considerar la insurrección independentista de América como su propia lucha.

Perseguido, abandona España y se dirige a Londres. Su encuentro con un mexicano brillante y polémico, Fray Servando Teresa de Mier, le incita a dar el gran salto hacia EU en busca de ayuda militar. En EU consiguió fletar una fragata y enrolar 200 combatientes. La expedición de Mina, con atraque en Haití y Galveston, fue una odisea. Regresó a Nueva Orleans en busca de refuerzos. Finalmente, el 15 de abril de 1817, desembarcó en Soto La Marina. Desde el principio tuvo, enfrente, la caballería realista de Felipe de la Garza. Sus 300 hombres aventurándose hacia el corazón de México, dice Martín Luis Guzmán “le lanzaba a una de las más audaces empresas militares que jamás se han concebido”

Sus batallas, a lo largo de varios estados, combatiendo casi sin cesar. En el Bajío y Guanajuato libró acciones de guerra a muerte. Finalmente fue hecho prisionero. En la ciudad de México las autoridades lo celebraron con toque de campanas y en Puebla se solemnizó con un Te Deum. Se le torturó. No le doblegaron. Le fusilaron el 11 de noviembre, de espaldas, como “traidor”. “Los restos de Javier Mina yacen en la ciudad de México, al pie de la Columna de la Independencia…”. Era el año 1817. Una vida inmensa y corta. Emocionante.

4. Recordar un amor

Anónimo

He aprendido a verte de lejos. A sentirte como aquella vez hace tanto tiempo y aún no lo entiendo. Cuando empiezo a recordar, a los pocos segundos tu imagen se vuelve borrosa y mi memoria me juega trampas… parece un sueño.

¿Cómo explicarlo? ¿Cómo verlo?

Quizá nada de eso fue verdad

He aprendido a verte de lejos,

a hacerme el ausente, aunque siempre estés en mi pensamiento.

Me ha costado mucho tomarte y llevarte, por lo menos algunos momentos, fuera de mí

Y es difícil aceptar que estás ahora en tu propio camino

¿Dime cómo se vive después de ti

cómo acabar y empezar de nuevo

cómo hacer entender al corazón?

Hoy estoy derrotado y no supe siquiera cuando comenzó esta lucha.

No es nostalgia, el tiempo solo es una imagen

alguien dijo alguna vez que lo mejor era recordar y hacerlo intensamente para después despedir ese tiempo y seguir el camino. Solo que no dijo cuánto costaba, y yo quizá lo he entendido ya muy tarde

No espero leas nada de estas líneas, porque al final, son para mí,

y son, a lo mucho, palabras que se sueltan sin hilación y lógica,

así como fue aquel día

Vista al mundo

¿Qué es aquello que no se puede comprender?

¿A unas niñas ofreciendo un papel inentendible sobre una avenida de ricos?

¿A Kapuscinsky narrando la vida de el Chato Peredo, guerrillero boliviano de 25 años, soñando con devolver al pueblo lo perdido, a conducirlo a una revolución gloriosa de justicia y libertad… soñador (como el Che), junto con otros setenta y cinco, de los que se salvaron ocho y el resto murió en la soledad de la selva, fusilados por un destacamento militar o de hambre. Todos jóvenes. Todos destinos y vidas desconocidas y anónimas?

¿Qué es aquello que no se puede comprender

… las caras fatigosas y hastiadas después de la jornada laboral?

… el adolescente inválido a la entrada del metro o el adolescente que vende cigarros?

… una viejita diciendo incoherencias en medio de puestos ambulantes y de gente que va pasando a su alrededor, indiferente… o por lo menos intentando ser indiferente?

¿Qué de aquella señora grande que todos las noches veo con su carrito de mercancías de quien sabe que?

¿Qué de aquel señor un poco más jóven, pero ciego, que pregunta y habla y ríe,  con quien se deje y quien le responda, ya en el autobús?

“‘¿Ya casi llegamos jefe?”, le repite cada diez segundos al chofer.

Baja del autobús. Tienta con su bastón la banqueta y después la pared de la primera casa. Alguien sentado en esa esquina se pone de pie ante el inminente golpe del bastón… pero aquel ciego se sienta y ahí se queda. No sé hasta cuando. No sé hacia donde va…

A poco de llegar a casa, me doy cuenta de que no traigo llaves para entrar a mi “privada” (calle cerrada), pero por suerte unos vecinos vienen delante de mí y abren. Casi sin enterarse, me han hecho un favor… y recuerdo que uno de ellos les “quitó” a mis amigos de la secundaria sus relojes cuando jugabamos futbol a solo unas cuadras. Él, supongo, no lo recuerda.

Tal vez hoy veamos lejanos a los jóvenes guerrilleros bolivianos de la década de los sesenta. Quizá, si es que leemos en una pantalla de computadora, no nos toque o elijamos estar a la entrada del Metro pidiendo un peso. Quizá cada humano tenga en su historia y vida lo que ha cosechado… quizá los más de cinco mil muertos por el narcotráfico este año en México poco signifiquen.

¿Pero quién somos nosotros para juzgar a otros, cuando en nuestra vida diaria actuamos de forma irracional?

… cuando no tomamos nuestra responsabilidad individual?

… cuando dejamos que nuestra empresa o gobierno siga siendo mediocre?

¿Porqué tratar de entender la violencia de nuestro país cuando no somos capaces de barrer siquiera la banqueta del vecino?
¿Porqué gastar millones en campañas a favor del uso del condón si lo único  que se quiere es sexo para olvidarse por unos segundos de la vida?

La realidad detrás de la desigualdad, pobreza y exclusión, encuentra su lado hermano en un país desinteresado por si mismo, un pueblo ignorante e indiferente de su realidad, la mediocridad gubernamental e individual para solo cumplir y cumplir,  el placer del momento… que importa el después, el trabajo bien pagado a cambio de hacer nada.

Llego a casa. A pesar del paisaje humano, ha sido un buen día. Doy gracias… Cenamos en familia. Hacemos planes. Nos reímos y abrazamos… sabemos que el día de mañana también tendrá su paisaje humano y necesitamos fuerza. Dios lo sabe… y mis amigos también.

* Delirious? – It´s Ok

Por la comida en la Facultad de Ciencias y el buen vivir

“Intentó dar a los demás de él, hasta que ya no tuvo nada más, escuchó al mundo.”

Con esa frase Olypassiline resume una existencia.

Terminar la vida a los 24 años no tiene mucho sentido para la mayoría.

Vivir atrapado entre miedos es la constante de hoy

¿Cuándo se vive?… ¿Cuando se tiene todo bajo control? ¿Cuando se ha terminado un posgrado? ¿Cuando se te considera “culto”, “cool” o el tipo-tipa “yo quiero ser así”?

¿Cuándo se vive?

La vida no deberíamos medirla en tiempo… hay quienes viven noventa años, no tan bien. Y hay otros que solo viven unos cuantos años.

Antes que toda la psicología “club del optimista” se pirateara de mala forma la idea de “vive cada día”, ya Jesús hace centenas de años lo decía: “Baste al día su afán”

¿Es necesario que se padezca una enfermedad terminal para contar con otra visión de mundo? Creo que no.

Gracias amigo del comedor de la Facultad de Ciencias de la UNAM. No tuve la suerte de conocerte, pero mi hermana me comentó alguna vez que le “hacías el día” a la gente que iba ahí,

“¡a comeeerrrrr chamacos!”

Y es que quizá no sea necesario vivir ochenta años y que te hagan un homenaje para quedar en la memoria de las personas… y quizá ni siquiera esto último sea el fin. Quizá lo importante sea tan solo esa chispa de todos los días, esa pasión y movimiento continuo que motive nuestra mente y corazón.

Intentar dar a los demás de uno mismo. Escuchar a los otros.