19 Sept 17: Eres, si acaso, un pordiosero de la historia…

Eres del lugar donde recoges
la basura.
Donde dos rayos caen
en el mismo sitio.
Porque viste el primero,
esperas el segundo.
Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre
y la gente se junta.

Otra vez llegaste tarde:
estás vivo por impuntual,
por no asistir a la cita que
a las 13:14 te había
dado la muerte,
treinta y dos años después
de la otra cita, a la que
tampoco llegaste
a tiempo.
Eres la víctima omitida.
El edificio se cimbró y no
viste pasar la vida ante
tus ojos, como sucede
en las películas.
Te dolió una parte del cuerpo
que no sabías que existía:
La piel de la memoria,
que no traía escenas
de tu vida, sino del
animal que oye crujir
a la materia.
También el agua recordó
lo que fue cuando
era dueña de este sitio.
Tembló en los ríos.
Tembló en las casas
que inventamos en los ríos.
Recogiste los libros de otro
tiempo, el que fuiste
hace mucho ante
esas páginas.

Llovió sobre mojado
después de las fiestas
de la patria,
Más cercanas al jolgorio
que a la grandeza.
¿Queda cupo para los héroes
en septiembre? 
Tienes miedo.
Tienes el valor de tener miedo.
No sabes qué hacer,
pero haces algo.
No fundaste la ciudad
ni la defendiste de invasores.

Eres, si acaso, un pordiosero
de la historia. 
El que recoge desperdicios
después de la tragedia.
El que acomoda ladrillos,
junta piedras,
encuentra un peine,
dos zapatos que no hacen juego,
una cartera con fotografías.
El que ordena partes sueltas,
trozos de trozos,
restos, sólo restos.
Lo que cabe en las manos.

El que no tiene guantes.
El que reparte agua.
El que regala sus medicinas
porque ya se curó de espanto.
El que vio la luna y soñó
cosas raras, pero no
supo interpretarlas.
El que oyó maullar a su gato
media hora antes y sólo
lo entendió con la primera
sacudida, cuando el agua
salía del excusado.
El que rezó en una lengua
extraña porque olvidó
cómo se reza.
El que recordó quién estaba
en qué lugar.
El que fue por sus hijos
a la escuela.
El que pensó en los que
tenían hijos en la escuela.
El que se quedó sin pila.
El que salió a la calle a ofrecer
su celular.
El que entró a robar a un
comercio abandonado
y se arrepintió en
un centro de acopio.
El que supo que salía sobrando.
El que estuvo despierto para
que los demás durmieran.

El que es de aquí.
El que acaba de llegar
y ya es de aquí.
El que dice “ciudad” por decir
tú y yo y Pedro y Marta
y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz
ni agua.
El que todavía respira.
El que levantó un puño
para pedir silencio.
Los que le hicieron caso.
Los que levantaron el puño.
Los que levantaron el puño
para escuchar
si alguien vivía.
Los que levantaron el puño para
escuchar si alguien
vivía y oyeron
un murmullo.
Los que no dejan de escuchar.

– Juan Villoro

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Historia y aprendizaje

“Una historia económica, social y humana, con las palabras de su tiempo. Tiempo integrado en las esperanzas y los sueños de una generación que se planteaba, con los supuestos de interpretación de su época, intereses y afanes, el nacimiento de una nueva época. La sangre, de nuevo, derramada, se cruzaría con los hombres y con sus esperanzas. ¿Cabe aprender?”

Juan Ma. Alponte

… sobre los inicios de la revolución mexicana en 1910.

¿Aprendimos?

La Universidad y Justo Sierra, 100 años

“Y como si mucho habéis hecho por la patria, ella, que os ha seguido siempre, que os ha apoyado siempre, que os ha creído siempre, ha hecho por vuestro prestigio y por vos más de lo que habéis hecho por ella; ella aplaude hoy esta soberana obra vuestra, segura de que será fecunda, porque fía en que todos los árboles que sembráis crecen frondosos, porque conocen el secreto del éxito constante de vuestras empresas: vuestro amor íntimo y profundo al pueblo, vuestro padre, y vuestra fe genuina e irreducible en el progreso humano”

Discurso del Maestro Justo Sierra en la fundación de la Universidad de México (22 de septiembre de 1910, fragmento)

 

¿Adónde vamos, México? (I)

“¿Adónde os dirigís?”, se pregunta en Enrique de Ofterdingen, la gran novela de Novalis. “Siempre hacia casa”, es la respuesta. El suyo es uno de los grandes libros en los que el viaje aparece cual odisea o metáfora del viaje a través de la vida. Toda odisea pone el punto interrogativo en la posibilidad de atravesar el mundo haciendo de ello una experiencia real y formando así la propia personalidad. La pregunta es si Ulises —especialmente el moderno— vuelve finalmente a casa y, a pesar de las más trágicas y absurdas peripecias, ha confirmado su identidad y encontrado o corroborado un sentido de la existencia o descubre tan sólo la posibilidad de formarse; o bien si pierde el significado de su vida y se pierde a sí mismo en el camino, disgregándose en vez de construirse el suyo.”

Claudio Magris

desde Azul@rte

Creo que, en general, hay poca conciencia en las personas acerca de lo que quieren para su vida. Cierto, muchas veces no hace falta plasmarlo en un papel y certificarlo frente a notario público, quizá lo que uno quiere es hasta cierto punto inconciente, pero de alguna u otra manera, creo que es importante conocer qué es aquello que nos mueve, aquello por lo que estamos dispuestos a vivir… o morir.

A veces me parece que somos como aquellos caminantes del desierto de Baudelaire, con terribles cargas en la espalda (que muchas veces no queremos dejar o no nos imaginamos sin ellas), moviéndonos sin rumbo fijo, pero moviéndonos: “debemos ir a algún lugar“, pensamos.

No hay duda de que, finalmente, un país es su ciudadanía. No hemos terminado por ponernos de acuerdo en lo más básico “¿qué país queremos?”: ¿País exportador? ¿País turístico? ¿País maquilador? ¿Paraíso fiscal? ¿Fábrica de mano de obra barata? ¿País tecnológico, innovador?

¿Adónde te diriges, México?

Imagen de Uriel Akira

Juventud y futuro

A veces, debido a ese vaivén moderno que te lleva a trabajar o estudiar lejos de casa todos los días, solo estoy unas horas en la zona donde vivo, pero es un tiempo suficiente para darme cuenta de cierto tipo de incertidumbre, ánimo bajo, distracción,… de todos, aunque probablemente marcado en los jóvenes.

Caminando, de pasada veo a un chavito que quizá no supere los 17 años, que al momento le comentaba a otro aún más jóven: “sí wey, llevó trabajando varios días, desde el sábado y domingo, sin descansar…”. Los dos están parados frente a un negocio de cualquier colonia “popular” y “chica” dirían los que saben, “pueblerina” diría mi hermana. Solo estaban ahí, “mirando”.

Llegó casi a mi calle y veo un espectáculo que hace mucho no sucedía (o del que no me enteraba, más bien): reminiscencias de una pelea entre varios chavos de secundaria… y lo que ya no es “sorprendente” es que al parecer las protagonistas principales eran mujeres.

Entro a mi calle y no pienso ya cosas raras: ¿cómo empoderar a estos jóvenes para que ejerzan como ciudadanos? ¿Cómo, con ellos, hacer innovación social y proyectos de alto impacto en la comunidad? ¿Cómo educarlos para la competitividad de hoy… que empezó ayer? ¿Cómo decirles que sería bueno que llegarán a “doctorarse” en alguna de las tantas ramas del saber?…

No, ya no me pregunté eso. Realmente solo pensé qué sería de sus vidas.

Lo que México necesita para el 2010: telenovelas

“El melodrama es una cosa muy importante en las telecomedias, es la base de las novelas. Pero ante el momento actual que vivimos, el cual resulta muy difícil  por la situación económica, política y social del país, es importante que la gente disfrute de contenidos que no les compliquen más la vida, sino que disfruten de lo que ven en tv con la familia”

Emilio Larrosa, productor de telenovelas de la empresa mexicana Televisa, desde Etcétera

Y yo que pensaba que necesitabamos conciencia, educación, inversión en ciencia y tecnología, esfuerzo, buenos modales, agradecimiento, respeto, pensar a largo plazo, pensar en el mañana, vivir hoy y disfrutar el hoy, no hacerle caso a los políticos pero respetarlos, decir amén tanto como no decirlo, soñar, bendecir, estar con los amigos, estar con los padres, dar un abrazo fuerte, escribir algo bueno en Twitter, compartir una buena foto en Flickr, caminar por Reforma… o mejor por la parte de antigua de Tlálpan, intentar platicar (sinceramente), dejar (un poco) de mentir, … yo pensaba que para mejorar nuestra situación necesitábamos convertirnos en voz de aquellos que no tienen voz, en ser hacedores de la historia y no solo espectadores, pensaba que había que levantarse cada mañana para ir más allá del dinero, de las apariencias, de las relaciones sociales (que no son malas… pero como pesan, y desvían, a veces).

Pensaba en que algo “importante” para el país sería contar una recaudación justa, equitativa y (casi) universal de impuestos, tener menos corrupción… pensaba que “disfrutar en familia” sería mejor sin el ruido de las grandes obras de los terceros y cuartos pisos del periférico. Pensaba que algo importante era disfrutar el futbol, el buen futbol: el que compartes con tus amigos y con los no amigos.

Pero no… me equivoqué. Solo tengo que prender la televisión, pasarme al canal 2 y disfrutar, en familia, de lo importante.

Gracias Televisa.