Octavio Paz: la inmortalidad de los sentimientos

“Creces, surges, fuera, dentro, impalpable, en el aire y el alma; un alma como aire mecido en música con un tacto de luz—; no tu presencia física, sino el clima alucinado que te rodea, la atmósfera que no respiras, sino que te ilumina y penetra, el estremecimiento que te anuncia. Doy gracias a Dios porque existes.”

“No quiero la tranquilidad que nace de estrangular mi propio corazón. No quiero la comodidad que consiste en sepultar mi dolor y mi alegría (…) Quiero saber de mí, por ti, imagen visible del mundo, forma en la que se equilibran todas las formas inefables de la tierra, voz de la tierra que hace visibles y cercanas todas las voluntades dispersas del universo, suspensas en ti (…) No quiero interrogar nada, no quiero saber qué significa. ¡Nos engañamos siempre! Pero quiero vivir en ese mundo apasionado donde pasan tantas cosas, donde el milagro es diario, y están juntas todas las fuerzas de la vida.”

 

Amor y Literatura

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Expresiones

Si entre el bullicio de mis soledades,

dulce Jesús, tu misterio me hiere,

es porque solo en Ti mi vida adquiere

la fe que rehabilitan tempestades.

Tú solo sabes cómo vivo: horades

o mures el clamor en que se muere

mi vida por hallarte y que hoy sugiere

desordenada flor de soledades.

Ignorar siempre más de lo que sabe

es el destino humano. Maravilla

miserable y audaz, dorada arcilla

olvida que es creatura y que no cabe

más que en la gota de agua que no sabe

dónde evaporará mundo que brilla,

si en una rosa o en una cuchilla

o sobre el labio que a su Dios alabe.

Dios y Señor que creaste la nada

y la vivimos misteriosamente;

sostén mi tiempo como claro puente

que hoy cruje sobre el agua desalmada.

Carlos Pellicer (1897-1977), Sonetos dolorosos (fragmentos)

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en el silencio leo, observo, miro gestos y tiempos y vida
me duele debajo del pulmón, pero no es sentimental, es físico
así pasa la vida

y recuerdo, ahora, años atrás, momentos atrás
y quedo con desasosiego, por lo que no fue, porque yo no quize que fuera
hoy, ayer, terminó una historia más, de entre las muchas con las que he construído mi vida
y veo imágenes
viendo tiempo
el presente… que se derrite
el futuro

y quizá, al volver la mirada, comprendemos, ganamos prudencia
entendemos, un poco, la importancia del espíritu, de llevar por buen camino al alma

hoy, escribiendo en el silencio, con una vida distinta a la de hace algunos años, cuatro, dos…
escribo, veo, entiendo.

No me duele. Solo… siento la esencia de la vida en su máxima expresión: el tiempo, el silencio, la soledad… el espíritu.
¿Y qué se supone que se hace con eso?
Yo sé que se hace con eso.
Se vive

Un nuevo comienzo

Solo voltear, ser congruentes con uno mismo,

aferrarnos a nuestras convicciones,

ser una vez más en este día, pero ser

todo eso, para un nuevo comienzo.

En lo personal, me intriga la capacidad de destrucción del ser humano, pero también me llama la atención la profunda sensibilidad y atención por su condición humana. La Historia nos enseña de varios personajes de este tipo. Algunos de ellos, como no podía dejar de ser, están en la Biblia, ese libro que fundó buena parte de lo que llaman cultura judeo-cristiana en la que hoy vivimos, o decimos que vivimos.

Entre los más famosos personajes bíblicos encontramos a David, uno de los primeros soberanos del Antiguo Reino de Israel. Al leer a David escribiendo sobre y para Dios, de una manera sumamente personal y profunda, es imposible no sentir algún interés por sus motivaciones, se coincida o no con su forma de pensar.

Creo que la autenticidad está ahí ¿Cuántas personas auténticas existen hoy? ¿Dónde podemos encontrarlas? Para David esto era de importancia clave: integridad ante un Dios que lo puede conocer todo, que es tan inaccesible como las estrellas, pero que al mismo tiempo es tan cercano como el saludo a tu familia por la mañana. David se aferraba a algo interior, a su “ser”. Desde su perspectiva “religiosa”, este personaje bíblico luchaba por conservar lo único que creía de valor en él: el Espíritu de Dios, este que nos hacía concientes de nuestra situación en el mundo, con los demás hombres y con Dios mismo.

Autenticidad. Ser íntegro.

Lo que para David era un Dios personal, en el siglo XX Martin Buber lo menciona como “Lo Absoluto”. Para David, una comunión con ese Absoluto (que poco o nada tiene que ver con el “misticismo”) y una relación genuina con los demás, eran condiciones necesarias de un individuo auténtico.

Comenzar de nuevo, en relación y autenticidad con Lo Absoluto y con los demás para ser hombres completos. Eso, de lo que vino a enseñarnos Buber apenas el siglo pasado, lo escribía ese antiguo rey hebreo hace ya miles de años.

Autenticidad y profundidad. Convicción y fe.

Siempre hay nuevos comienzos… las heridas del pasado ya fueron cuando debieron ser, porque de ellas aprendimos.

Y al escribir, recuerdo a uno de mis cantantes favoritos, de esos que yo creo auténticos, Martin Smith, al final del concierto de despedida de Delirious? en Londres, en noviembre pasado.

Autenticidad. Comenzar de nuevo.

Martin Smith, liderando a Delirious? en la parte final de My Soul Sings

Acompañados en el desierto

“No hay nadie más en la vastedad; nuestro demencial soliloquio interior no frena nunca. Claro, son los dominios del Yoísmo absoluto en tiempos de carne de deseo y de venta. Por eso tiene tanto éxito Twitter: hace menos insoportable el egotismo contemporáneo. En efecto, el centro del universo se ha fragmentado: tiene millones de centros: palabras e imágenes cuyo único fin es reforzar el vacío bajo la idea de crear comunidad. Una red de contactos que reúne discursos, trayectorias e ítems en un punto: la virtualización de la amistad. Tienen razón cuando corroboran que la cápsula de soledad se presenta en forma de exhibicionismo. La literatura emplea la palabra “deseo” para justificar la presencia de los fantasmas en la sique humana. Deseo de estar acompañado en el desierto.”

Filemón Alonso-Miranda, Urbanitas

Creo que Filemón describe con una frase sencilla gran parte de la cultura que nos ha tocado vivir y que construímos nosotros mismos: “tiempos de carne de deseo y de venta”. Y es cierto, estos son tiempos en los que la sexualidad permea casi cualquier tema de nuestra cotidianidad (cuentan que el “internet pornográfico” es tres veces mayor el internet comercial general). Y por supuesto, hoy todo es negociable, todo es vendible: desde esa innombrable palabra pasada de moda – el “amor” -, hasta la dignidad, respeto, confianza y demás cursilerías propias de los abuelos de nuestros abuelos (dicen). Pero tampoco hay golpes de pecho: esto no es sobre aquel discurso de “los valores se están perdiendo” (que alguien me diga cuando exactamente existieron). No… yo creo, como Filemón, que nos ha tocado vivir una época en el que el egoísmo absoluto es el centro de todo. Una época en donde la tecnología ha jugado un papel clave al darnos la oportunidad de potenciar nuestro micro-universo… tal vez hemos vuelto a enterrar a Galileo creyendo, como antes pero con una sutil diferencia, que el universo gira alrededor de nosotros (nosotros=yo).

Deseo de estar acompañados en el desierto… pero, ¿realmente queremos compañía? ¿Para qué y con qué propósito? ¿Para seguirnos exhibiendo… y después volver a la cueva?

Facebook, MySpace, Hi5,  y demás… todos tienen su utilidad, pero igual reflejan parte de la realidad que siempre, creo yo, ha existido: el deseo de estar acompañados, el deseo de comunicar, de saber, de formar parte… deseos que muchas veces se vuelven solo exhibición (de “carne de deseo” por ejemplo) y de comunicación sorda (léase cualquier foro de discusión sobre algún tema polémico).

Al escribir esto no puedo dejar de recordar lo que escribiera Baudelaire, antes aún que nos inventaramos Internet y que hubiera más celulares que libros en nuestras casas:

“Bajo un vasto cielo gris, en una gran llanura polvorienta, sin sendas, sin hierbas, sin cardos, sin ortigas, encontré varios hombres que andaban encorvados. Cada uno llevaba sobre su espalda una enorme quimera, tan pesada como saco de harina o carbón, o el correaje de un infante romano. Pero la mounstrosa bestia no era peso inerte; por el contrario, envolvía y oprimía al hombre con sus músculos elásticos y poderosos; se agarraba con sus dedos, vastas garras, al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa superaba la frente del hombre, como aquellos cascos horribles con lo que antiguos guerreros esperaban provocar más terror en el enemigo.

Interrogué a uno dónde iba así. Repuso que no sabían nada, ni él ni los otros, pero que evidentemente iban hacia alguna parte, pues estaban impelidos por una necesidad de caminar.

Curiosa anotación: ninguno de los viajeros tenía aire de estar irritado con la bestia feroz, colgada de su cuello y pegada a su espalda; se diría que la consideraban parte de sí mismos. Estos rostros cansados y serios no testimoniaban ninguna desesperación; bajo la tediosa cúpula del cielo, los pies hundidos en el polvo de una tierra tan desolada como este cielo, caminaban con el aspecto resignado a quien está condenado a esperar siempre.

Y el cortejo pasó a junto a mí y se hundió en la atmósfera del horizonte, por el sitio donde la superficie redondeada del planeta se oculta a la curiosidad de la mirada humana.

Por instantes me obstiné en comprender este misterio, pero pronto la irresistible indiferencia se apoderó de mí, y fui abrumado con más peso que ellos mismos con sus quimeras aplastantes.”

Acompañados en el desierto, pero aún más que eso: acompañamiento que lleva a ninguna parte, que no tiene propósito. Es un compartir que no da fruto de nada porque nada recibe… y una pertenencia que no sabe exactamente porque está ahí “pero que se imagina que por algo está ahí”. Todos creemos que vamos para algún lado, en compañía de alguien… (México va para adelante, dicen los que saben, aunque no aclaran exactamente a dónde).

Habría que cuidar que nuestra participación en la red, reflejo de lo que somos, no se convierta en parte de nuestras quimeras (mounstruos imaginarios) con las que cargamos todos los días.

Relacionados: 

Baudelaire y los sábados por la noche

Vista al mundo

¿Qué es aquello que no se puede comprender?

¿A unas niñas ofreciendo un papel inentendible sobre una avenida de ricos?

¿A Kapuscinsky narrando la vida de el Chato Peredo, guerrillero boliviano de 25 años, soñando con devolver al pueblo lo perdido, a conducirlo a una revolución gloriosa de justicia y libertad… soñador (como el Che), junto con otros setenta y cinco, de los que se salvaron ocho y el resto murió en la soledad de la selva, fusilados por un destacamento militar o de hambre. Todos jóvenes. Todos destinos y vidas desconocidas y anónimas?

¿Qué es aquello que no se puede comprender

… las caras fatigosas y hastiadas después de la jornada laboral?

… el adolescente inválido a la entrada del metro o el adolescente que vende cigarros?

… una viejita diciendo incoherencias en medio de puestos ambulantes y de gente que va pasando a su alrededor, indiferente… o por lo menos intentando ser indiferente?

¿Qué de aquella señora grande que todos las noches veo con su carrito de mercancías de quien sabe que?

¿Qué de aquel señor un poco más jóven, pero ciego, que pregunta y habla y ríe,  con quien se deje y quien le responda, ya en el autobús?

“‘¿Ya casi llegamos jefe?”, le repite cada diez segundos al chofer.

Baja del autobús. Tienta con su bastón la banqueta y después la pared de la primera casa. Alguien sentado en esa esquina se pone de pie ante el inminente golpe del bastón… pero aquel ciego se sienta y ahí se queda. No sé hasta cuando. No sé hacia donde va…

A poco de llegar a casa, me doy cuenta de que no traigo llaves para entrar a mi “privada” (calle cerrada), pero por suerte unos vecinos vienen delante de mí y abren. Casi sin enterarse, me han hecho un favor… y recuerdo que uno de ellos les “quitó” a mis amigos de la secundaria sus relojes cuando jugabamos futbol a solo unas cuadras. Él, supongo, no lo recuerda.

Tal vez hoy veamos lejanos a los jóvenes guerrilleros bolivianos de la década de los sesenta. Quizá, si es que leemos en una pantalla de computadora, no nos toque o elijamos estar a la entrada del Metro pidiendo un peso. Quizá cada humano tenga en su historia y vida lo que ha cosechado… quizá los más de cinco mil muertos por el narcotráfico este año en México poco signifiquen.

¿Pero quién somos nosotros para juzgar a otros, cuando en nuestra vida diaria actuamos de forma irracional?

… cuando no tomamos nuestra responsabilidad individual?

… cuando dejamos que nuestra empresa o gobierno siga siendo mediocre?

¿Porqué tratar de entender la violencia de nuestro país cuando no somos capaces de barrer siquiera la banqueta del vecino?
¿Porqué gastar millones en campañas a favor del uso del condón si lo único  que se quiere es sexo para olvidarse por unos segundos de la vida?

La realidad detrás de la desigualdad, pobreza y exclusión, encuentra su lado hermano en un país desinteresado por si mismo, un pueblo ignorante e indiferente de su realidad, la mediocridad gubernamental e individual para solo cumplir y cumplir,  el placer del momento… que importa el después, el trabajo bien pagado a cambio de hacer nada.

Llego a casa. A pesar del paisaje humano, ha sido un buen día. Doy gracias… Cenamos en familia. Hacemos planes. Nos reímos y abrazamos… sabemos que el día de mañana también tendrá su paisaje humano y necesitamos fuerza. Dios lo sabe… y mis amigos también.

* Delirious? – It´s Ok