Cita

Mina y la visión que permanece

“Sin echar por tierra en todas partes el coloso del despotismo, sostenido por los fanáticos y monopolistas, jamás podremos recuperar nuestra dignidad. Para esa empresa es indispensable que todos los pueblos donde se habla castellano aprendan a ser libres, a conocer y practicar sus derechos…”

Javier Mina. 1816

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Sobre la televisión (¿mexicana?), Pierre Bourdieu

P.R.P.: La televisión es identificada como una forma de opresión simbólica ¿Cuál es la condición democrática de la televisión y los medios de comunicación?

Pierre Bourdieu: La diferencia es enorme entre la imagen que los responsables de los medios de comunicación tienen y dan de estos medios de comunicación y la verdad de su acción e influencia. Los medios de comunicación son, en conjunto, un factor de despolitización que actúa principalmente sobre las fracciones de clase más despolitizadas del público, sobre las mujeres más que sobre los hombres, sobre los menos instruidos más que sobre los más instruidos, sobre los pobres más que sobre los ricos. Semejante afirmación podría escandalizar, pero sabemos perfectamente, a través de análisis estadísticos, cuál es la probabilidad de formular una respuesta articulada a una pregunta política, o de abstenerse (desarrollo extensamente las consecuencias de este efecto, en materia política particularmente, en mí último libro, Méditations pascaliennes). La televisión (mucho más que los periódicos) propone una visión cada vez más despolitizada, escéptica e incolora del mundo, y contribuye cada vez más a que los periódicos se deslicen hacia la demagogia, sometiéndose a sus colegas comerciales.

El caso de Lady Di es una ilustración perfecta de todo esto, una especie de pasaje a los extremos. Tenemos todo a la vez: el hecho diverso que hace diversión; el efecto teletón, es decir, la defensa sin riesgo de causas humanitarias vagas y ecuménicas, y sobre todo, perfectamente apolíticas. Tenemos la sensación de que, en el caso inmediatamente posterior a la fiesta papal de la juventud en París y justo antes de la muerte de la Madre Teresa, los últimos cerrojos saltaron (la madre Teresa, que no era, que yo sepa, precisamente una progresista en materia de aborto y liberación femenina, encuadraba perfectamente en este mundo gobernado por banqueros sin alma, que no ven ningún obstáculo en apiadarse de los defensores de lo humanitario que curan las llagas que ellos mismos han contribuido a abrir). Fue así como, quince días después del accidente de Lady Di, Le Monde logró intervenir en el estado de la encuesta, mientras que, en el noticiero televisivo, las masacres en Argelia y la evolución del conflicto entre Israel y Palestina fueron reducidas a los últimos pocos minutos del noticiero. Entre paréntesis, ustedes dicen a toda hora: a los periodistas la mentira, a los sociólogos la verdad…

Fragmento de entrevista de O´Globo al sociologo francés Pierre Bourdieu

Un mito para todos: juventud, cultura y el 68*

“Por un día al año, la juventud canaliza su inconformidad política mediante el mito y la nostalgia. Así como millones de personas utilizan el 10 de mayo para lavar culpas con sus madres, otros aprovechan el 2 de octubre para cumplir con sus responsabilidades asociadas a la participación política, para, un día después, regresar y refugiarse en su burbuja de confort clasemediero…”

“La imaginación al poder parece haber perdido su mejor arma. Es el momento de que estos grupos se quiten la camiseta del Che Guevara y formulen nuevas tácticas, dirijan la estrategia por otro rumbo, busquen nuevos métodos de cuestionamiento al poder. O de plano, es hora de que se den cuenta que actualmente sólo encarnan a un inofensivo personaje de esa caricatura que la industria del entretenimiento se empeña en llama contracultura”

José Jiménez Ortiz

*Título y fragmento tomado de la revista Tierra Adentro, Noviembre 2008.

Ya hace un año comentamos algo sobre una fecha mitológica como 1968 (con debate agregado y toda la onda)… y creo que es suficiente. Es un capítulo que permanece impune, eso es claro. Pero más allá de la resignación, hoy, 41 años después, lo más que podemos decir o encontrar en la red, en miles y miles de blogs, es generalmente lo mismo.

Por eso, me parece mucho mejor remarcar lo que creo más importante: dejemos atrás el pasado, incluídos símbolos y gritos de guerra, y construyamos nuevas estrategias que nos lleven, con todos sus asegunes, a más libertad y conciencia. Hacer eso no significa olvidar, significa construir.

El “importamadrismo” de la clase obrera mexicana (I)

El 13 de noviembre de 2008 el novelista escocés Andrew O’Hagan dio una conferencia inquietante y provocadora en honor a George Orwell en el Birkbeck College de la Universidad de Londres. Allí afirmó que hoy la clase obrera es la fuerza más conservadora en Gran Bretaña. Es una clase, dijo, que tiene apetitos vengativos, que es adicta a los tabloides, al sentimentalismo y a los alcopops; y que en algunos sectores está inclinada al fascismo […] El resultado ha sido la erosión de la voluntad inglesa por impulsar cualquier proyecto de cambio profundo ante un panorama de crisis financiera, de desempleo y de recesión. “En Inglaterra el modo populista –dijo O’Hagan– es la parálisis silenciosa. No el cambio”. Recordó que la misma señora Thatcher se sorprendió mucho de la facilidad con que se aceptó sin pestañear que se debilitaran los sindicatos y desaparecieran las industrias nacionalizadas. La gente de izquierda se resiste a criticar la docilidad de la clase obrera, como seguramente sí hubiera hecho George Orwell: él “habría ido a los pueblos ingleses un sábado en la noche para estudiar por qué la gente está tan inactiva, tan desmoralizada, tan ebria, tan miedosa de los fuereños, tan inclinada a la fantasía y al mismo tiempo tan carente de propósito como grupo social”.

Para O’Hagan, los ingleses viven en el miasma de lo que Isaiah Berlin llamó “libertad negativa”: su finalidad colectiva es ser libres de interferencia, no definir el futuro. Cuando les dicen algo que no les gusta los ingleses exclaman: “whatever” (lo que sea)Y, ciertamente, “lo que sea” es lo que obtienen y lo que están dispuestos a aceptar mientras su vida cotidiana no sea perturbada. Es lo que Matthew Arnold llamó “indiferenttism” (importamadrismo, diríamos nosotros)…

Roger Bartra

  

El gobierno no tiene, para sorpresa de muchos, la culpa de todos nuestros males. La frase sosa aquella de “cada pueblo tiene el gobierno que merece” tiene tintes de verdad: con todos sus matices, hoy vemos que nuestro gobernantes (de todos los colores, credos y posiciones) no nos “representan”, que la política ha dejado de ser (desde hace mucho) el “arte de gobernar” para convertirse en el arte de la simulación: “políticamente correcto” significa cuidar qué comes, con quién te juntas, qué ves, cómo escribes, cómo lees, cómo hablas… pareciera que lo único que no se debe cuidar es pensar (al fin y al cabo, como dijera Carlos Monsiváis, “el alma no se puede presumir”).

Sí. El gobierno… siempre el gobierno. Que pueblo tan sufrido el mío. Que pueblo tan sufrido donde es normal la evasión de impuestos, el robo de energía eléctrica y hasta el robo en las tortillas… ¡cómo sufrimos para regresar dos pesos que nos dieron de más!

Democracia

“Una clave característica de la democracia es la continua capacidad de respuesta del gobierno a las preferencias de los ciudadanos…”

Robert Dahl, Polyarchy: Participation and Opposition

Y uno se pregunta: ¿cómo le hacen los políticos mexicanos para conocer los intereses de sus representados? ¿Son seres archi-mega-ultra-rete-contra-sabios? ¿Nos estudian incansablemente por métodos indirectos, “para no molestarnos”? ¿Rezan? ¿Son iluminados? Y más: ¿Porqué alguien se puede pasar años sentado en el Congreso y decir que representa a alguien? ¿Cómo? ¿A través de qué llega a esa creencia (no idea)? ¿Con qué método?… si alguien sabe, que me lo diga por favor.

Señores políticos de México y América Latina: ¿se entiende o no se entiende?

“La discusión, pues, no es si sobrevive en los países de América Latina la democracia y el funcionamiento de las economías de mercado, sino qué y cómo hacer para invertir los ingredientes y cambiar la receta original del problema: es decir, menos Santo Tomás y más ágoras y plazas públicas para que ciudadanos orgullosos, en lugar de mamarrachos embutidos en togas y fueros que se dicen representantes, discutan y ventilen sus asuntos, individuos que gobiernen a la par de sus gobernantes lo mismo en la rara sincronía que en la sana disensión.”

Bruno H. Piché, El archipiélago latinoamericano