Los que salvan al mundo…

“Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.”

Los Justos, Jorge Luis Borges

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La Universidad y Justo Sierra, 100 años

“Y como si mucho habéis hecho por la patria, ella, que os ha seguido siempre, que os ha apoyado siempre, que os ha creído siempre, ha hecho por vuestro prestigio y por vos más de lo que habéis hecho por ella; ella aplaude hoy esta soberana obra vuestra, segura de que será fecunda, porque fía en que todos los árboles que sembráis crecen frondosos, porque conocen el secreto del éxito constante de vuestras empresas: vuestro amor íntimo y profundo al pueblo, vuestro padre, y vuestra fe genuina e irreducible en el progreso humano”

Discurso del Maestro Justo Sierra en la fundación de la Universidad de México (22 de septiembre de 1910, fragmento)

 

¿Adónde vamos, México? (I)

“¿Adónde os dirigís?”, se pregunta en Enrique de Ofterdingen, la gran novela de Novalis. “Siempre hacia casa”, es la respuesta. El suyo es uno de los grandes libros en los que el viaje aparece cual odisea o metáfora del viaje a través de la vida. Toda odisea pone el punto interrogativo en la posibilidad de atravesar el mundo haciendo de ello una experiencia real y formando así la propia personalidad. La pregunta es si Ulises —especialmente el moderno— vuelve finalmente a casa y, a pesar de las más trágicas y absurdas peripecias, ha confirmado su identidad y encontrado o corroborado un sentido de la existencia o descubre tan sólo la posibilidad de formarse; o bien si pierde el significado de su vida y se pierde a sí mismo en el camino, disgregándose en vez de construirse el suyo.”

Claudio Magris

desde Azul@rte

Creo que, en general, hay poca conciencia en las personas acerca de lo que quieren para su vida. Cierto, muchas veces no hace falta plasmarlo en un papel y certificarlo frente a notario público, quizá lo que uno quiere es hasta cierto punto inconciente, pero de alguna u otra manera, creo que es importante conocer qué es aquello que nos mueve, aquello por lo que estamos dispuestos a vivir… o morir.

A veces me parece que somos como aquellos caminantes del desierto de Baudelaire, con terribles cargas en la espalda (que muchas veces no queremos dejar o no nos imaginamos sin ellas), moviéndonos sin rumbo fijo, pero moviéndonos: “debemos ir a algún lugar“, pensamos.

No hay duda de que, finalmente, un país es su ciudadanía. No hemos terminado por ponernos de acuerdo en lo más básico “¿qué país queremos?”: ¿País exportador? ¿País turístico? ¿País maquilador? ¿Paraíso fiscal? ¿Fábrica de mano de obra barata? ¿País tecnológico, innovador?

¿Adónde te diriges, México?

Imagen de Uriel Akira

Familias líquidas

“Todos hemos visto, oído, y aun escuchado a pesar nuestro, a pasajeros del tren que, a nuestro lado, hablan sin parar por sus teléfonos. (…) Uno diría que están contando los minutos que los separan de sus seres queridos y que no ven la hora de poder mantener esas conversaciones cara a cara. Pero quizás no haya pensado que muchas de esas charlas por celular que usted escuchó por azar no eran el prolegómeno de una conversación más sustancial a producirse al llegar, sino un sustituto de ella. Que esas charlas no preparaban el terreno para algo real, sino que eran lo real en sí… Que muchos de esos jóvenes anhelantes de informar a sus invisibles interlocutores acerca de su paradero, ni bien lleguen a sus hogares correrán a sus cuartos a cerrar la puerta con llave detrás de sí.”

Zigmunt Bauman, fragmento de Amor Líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos.

Juventud y futuro

A veces, debido a ese vaivén moderno que te lleva a trabajar o estudiar lejos de casa todos los días, solo estoy unas horas en la zona donde vivo, pero es un tiempo suficiente para darme cuenta de cierto tipo de incertidumbre, ánimo bajo, distracción,… de todos, aunque probablemente marcado en los jóvenes.

Caminando, de pasada veo a un chavito que quizá no supere los 17 años, que al momento le comentaba a otro aún más jóven: “sí wey, llevó trabajando varios días, desde el sábado y domingo, sin descansar…”. Los dos están parados frente a un negocio de cualquier colonia “popular” y “chica” dirían los que saben, “pueblerina” diría mi hermana. Solo estaban ahí, “mirando”.

Llegó casi a mi calle y veo un espectáculo que hace mucho no sucedía (o del que no me enteraba, más bien): reminiscencias de una pelea entre varios chavos de secundaria… y lo que ya no es “sorprendente” es que al parecer las protagonistas principales eran mujeres.

Entro a mi calle y no pienso ya cosas raras: ¿cómo empoderar a estos jóvenes para que ejerzan como ciudadanos? ¿Cómo, con ellos, hacer innovación social y proyectos de alto impacto en la comunidad? ¿Cómo educarlos para la competitividad de hoy… que empezó ayer? ¿Cómo decirles que sería bueno que llegarán a “doctorarse” en alguna de las tantas ramas del saber?…

No, ya no me pregunté eso. Realmente solo pensé qué sería de sus vidas.

Sobre la televisión (¿mexicana?), Pierre Bourdieu

P.R.P.: La televisión es identificada como una forma de opresión simbólica ¿Cuál es la condición democrática de la televisión y los medios de comunicación?

Pierre Bourdieu: La diferencia es enorme entre la imagen que los responsables de los medios de comunicación tienen y dan de estos medios de comunicación y la verdad de su acción e influencia. Los medios de comunicación son, en conjunto, un factor de despolitización que actúa principalmente sobre las fracciones de clase más despolitizadas del público, sobre las mujeres más que sobre los hombres, sobre los menos instruidos más que sobre los más instruidos, sobre los pobres más que sobre los ricos. Semejante afirmación podría escandalizar, pero sabemos perfectamente, a través de análisis estadísticos, cuál es la probabilidad de formular una respuesta articulada a una pregunta política, o de abstenerse (desarrollo extensamente las consecuencias de este efecto, en materia política particularmente, en mí último libro, Méditations pascaliennes). La televisión (mucho más que los periódicos) propone una visión cada vez más despolitizada, escéptica e incolora del mundo, y contribuye cada vez más a que los periódicos se deslicen hacia la demagogia, sometiéndose a sus colegas comerciales.

El caso de Lady Di es una ilustración perfecta de todo esto, una especie de pasaje a los extremos. Tenemos todo a la vez: el hecho diverso que hace diversión; el efecto teletón, es decir, la defensa sin riesgo de causas humanitarias vagas y ecuménicas, y sobre todo, perfectamente apolíticas. Tenemos la sensación de que, en el caso inmediatamente posterior a la fiesta papal de la juventud en París y justo antes de la muerte de la Madre Teresa, los últimos cerrojos saltaron (la madre Teresa, que no era, que yo sepa, precisamente una progresista en materia de aborto y liberación femenina, encuadraba perfectamente en este mundo gobernado por banqueros sin alma, que no ven ningún obstáculo en apiadarse de los defensores de lo humanitario que curan las llagas que ellos mismos han contribuido a abrir). Fue así como, quince días después del accidente de Lady Di, Le Monde logró intervenir en el estado de la encuesta, mientras que, en el noticiero televisivo, las masacres en Argelia y la evolución del conflicto entre Israel y Palestina fueron reducidas a los últimos pocos minutos del noticiero. Entre paréntesis, ustedes dicen a toda hora: a los periodistas la mentira, a los sociólogos la verdad…

Fragmento de entrevista de O´Globo al sociologo francés Pierre Bourdieu