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17 septiembre, 2013 / Felipe Delgado

“La idea del amor, como la de Dios, es imposible”

¿Encontraría ese último amor? ¿Lo disfrutaría? “No, no he tenido la suerte”, asegura, después de haber intentado evadir la curiosidad. “En el fondo la idea del amor, como la de Dios, es imposible. Se debe amar a alguien en su libertad cuando tendemos a poseerlo y así, no hay manera”.

Nota en El País

Para Álvaro Pombo el amor es imposible porque al querer algo se le restringe su libertad. Y eso, quizá generalmente, es cierto (al menos para el “amor” practicado en estos tiempos)… aunque otros mencionan que más bien al estar con alguien es necesaria una “tenue disciplina”. Y yo estoy de acuerdo con esto último. ¿Cómo no tener disciplina en una relación en la que dos almas, como dos engranes, deben bailar al unísono? ¿Pero podemos llamar a eso “restringir la libertad”? (y es cierto: ningún engranaje es perfecto, pero eso es otra cosa).

Me sorprende un poco la analogía con Dios. ¿Porqué es imposible la idea de Dios para este autor? ¿Quizá piense la creencia de que si Él nos ama entonces restringe nuestra libertad? ¿Ó será porque, nosotros, al amar a Dios lo encerramos en un concepto y le restringimos ser Dios?

En el ámbito cristiano la libertad es indisoluble del amor: la misma aceptación del Dios cristiano empieza con la libertad humana. No se puede amar a Dios sino empezando por tomar una decisión conciente, personal. Por otro lado, Dios no ama al hombre porque este haga cosas (“buenas” o “malas”): Dios ama al hombre por su sola decisión de hacerlo.

Sin libertad no hay amor.

“Y conocereís la verdad, y la verdad os hará libres”, registran los evangelios.

No hay amor si no hay verdad. Y si hay verdad, entonces puedes elegir. Eso, en un plano muy humano, es libertad.

5 junio, 2013 / Felipe Delgado

Libertad, requisito para escribir

“Solo se puede escribir de verdad en un estado de absoluta libertad interior”

“El escritor tiene que crear en torno suyo un espacio de libertad radical”

Antonio Muñoz Molino, Premio Príncipe de Asturias 2013

Si la absoluta libertad no existe en la dimensión humana, sí la aspiración a ella, su continua búsqueda. Esto último, decía Carlos Fuentes, es lo que nos hace libres.

4 enero, 2013 / Felipe Delgado

Mina y la visión que permanece

“Sin echar por tierra en todas partes el coloso del despotismo, sostenido por los fanáticos y monopolistas, jamás podremos recuperar nuestra dignidad. Para esa empresa es indispensable que todos los pueblos donde se habla castellano aprendan a ser libres, a conocer y practicar sus derechos…”

Javier Mina. 1816

24 julio, 2012 / Felipe Delgado

Sobre la experiencia. Carlos Fuentes

La pregunta definitiva de la experiencia la hace Calderón de la Barca en la obra maestra del teatro español, “La vida es sueño”: El mayor delito del hombre es haber nacido. Segismundo, el protagonista de la obra, se compara a la naturaleza, que teniendo menos alma que él, tiene más libertad. Segismundo siente esta ausencia de libertad como una disminución, un no haber totalmente nacido, una conciencia de «que antes de nacer moriste». Pero, ¿no es un delito mayor no haber nacido en absoluto? Calderón nos libra al ritmo íntimo del sueño. Soñar es compensar lo que la experiencia nos negó. Soñamos hacia adelante, pero también hacia atrás. Deseamos en ambos sentidos. No, lo mejor es haber nacido. Y a cada cual nos incumbe examinar las razones por las cuales valió la pena haber nacido, y preguntarnos sin tregua, y sin esperanza de respuesta, las interrogantes de la experiencia: ¿Cómo se relacionan la libertad y el destino? ¿En qué medida puede cada uno de nosotros dar forma personal a nuestra propia experiencia? ¿Qué parte de nuestra experiencia es cambio y qué parte, permanencia? ¿Cuánto le debe la experiencia a la necesidad, al azar, a la libertad? ¿Y por qué nos identificamos por la ignorancia de lo que somos: unión de cuerpo y alma y sin embargo seguimos siendo exactamente lo que no comprendemos?

Tomado de En esto creo

16 junio, 2012 / Felipe Delgado

Los que salvan al mundo…

“Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.”

Los Justos, Jorge Luis Borges

19 diciembre, 2011 / Felipe Delgado

Sobre la lectura, Harold Bloom

“No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial para que leamos. A la información tenemos acceso ilimitado, pero ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado, tal vez se tope con un maestro que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.

… Sin embargo, el motivo más profundo y auténtico para la lectura personal del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil… Hay una versión de lo sublime para cada lector, la cual es, en mi opinión, la única transcendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos ‘enamoramiento’… Sólo se puede leer para iluminarse uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más

Tomado de “Cómo leer y porqué” de Harold Bloom

29 noviembre, 2011 / Felipe Delgado

Sombras

“La esperanza muy rara vez muere de repente; se va desangrando poco a poco, va perdiendo fuerza hasta que llega un momento en que nos preguntamos si seguimos esperando o hemos perdido la esperanza. Se ve que la esperanza no muere, sino que se pierde.”

Tomás Segovia